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El siglo XXI (2)

El siglo XXI (2)

La era del imperialismo omnipotente acaba de pasar a la historia. Estamos en un cambio de tiempo.

El discurso de posesión del presidente Joe Biden está tocado por rasgos luminosos de humanismo, democracia y liberalismo progresista, que hacen parte inseparable de los postulados de Bernie Sanders y su gran movimiento antineoliberal. Pudiéramos pensar que las palabras del presidente Biden son, en medio de la pandemia a causa de coronavirus, un buen augurio para el siglo XXI si algunos hechos inmediatamente posteriores al discurso e inconsecuentes con él no les bajaran peso a esas palabras tonificantes.

El pensamiento de Biden reluce en una frase: “Las diferencias ideológicas no son motivo para hacerle la guerra a ningún país”. Interpretado literalmente, debemos entenderlo como que las prioridades de la administración Biden, en su política internacional, son la paz mundial, la convivencia pacífica, e incluso la cooperación entre naciones con ideologías, credos religiosos y sistemas económicos similares o diferentes. “El respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez).

A las palabras del presidente Biden han seguido pasos desalentadores y pasos alentadores. El llamado a las naciones a formar un frente común contra China (en el que Europa se rehúsa a participar), la intervención de algunos funcionarios de la embajada estadounidense en Moscú para estimular protestas en favor del opositor Navalni (detenido a su regreso a Rusia), la presencia de superbombarderos de Estados Unidos en los cielos atormentados de Siria son señales ominosas que van en dirección opuesta a la indicada por Biden.

Por otro lado, el mandatario estadounidense ha tomado decisiones de importancia primordial, entre ellas retomar a los acuerdos de París sobre lucha global contra el cambio climático e incrementar la protección del medioambiente; regresar a la OMS y reactivar el acuerdo con Rusia sobre reducción de armas nucleares y restauración del Tratado de cielos abiertos. Parece que, en ese sentido, sostuvo una primera conversación videotelefónica con el presidente Putin. Son pasos alentadores.

En declaraciones recientes, al tomar posesión de su cargo (27/1/2921), el secretario de Estado, Antony Blinken, dijo que “el mundo necesita el liderazgo estadounidense para abordar los desafíos globales” (Sputnik News). No hay duda de ello, pero ahora los Estados Unidos tendrán que compartir ese liderazgo con las otras potencias, China, India y Rusia, y también con la Unión Europea, América Latina, Asia y África. La era del imperialismo omnipotente acaba de pasar a la historia. No sé si la mató el covid-19, mas sí sé que “un tiempo sucede a otro tiempo” (Tempora temporibus succedent, Horacio) y que estamos en un cambio de tiempo.

Qué papel le corresponde a nuestra América Latina en ese cambio y en la geopolítica del siglo XXI, dependerá de lo mucho o poco que hayamos aprendido de las lecciones del pasado y de la madurez política de los ciudadanos que pueblan el subcontinente, desde México hasta la Patagonia, incluido, por supuesto, el Caribe. En la columna siguiente analizaremos las dificultades y posibilidades que nos aguardan.

Enrique Santos Molano

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