Brasil: samba antidemocrática

Brasil: samba antidemocrática

Con la amenaza de fusiles sobre las urnas no es fácil pensar que el lunes en Brasil haya democracia.

05 de octubre 2018 , 12:00 a.m.

Quizá no se equivocó Abraham Lincoln cuando expresó en Gettysburg, el 19 de noviembre de 1863, en un discurso tan breve como inmortal, su convicción de que la democracia, como “gobierno del pueblo, por el pueblo y con el pueblo, no desaparecerá de la tierra”; pero sentiría grande aflicción al contemplar cómo, ciento cincuenta y cinco años después de su oración, la democracia está desapareciendo de la tierra.

Y está desapareciendo por dos motivos. Uno, la acción agresiva de las fuerzas de ultraderecha, o antidemocráticas, que hoy concentran en su poder el 95 % de la riqueza mundial en los órdenes económico, tecnológico, científico, político y mediático, y que aspiran a extender ese porcentaje a un dominio territorial del planeta, incluso a llevarlo hasta el cien por ciento.

El otro motivo es la incapacidad a que se han dejado reducir los demócratas del mundo para defender las libertades públicas e individuales, los derechos humanos, la protección del medioambiente y todas las conquistas sociales y políticas que no pueden garantizarse sino en Estados o comunidades en que el régimen democrático tiene plena vigencia.

Un caso que ilumina con claridad perfecta la estrategia por la cual la ultraderecha, apoyada por un nuevo fanatismo religioso que genera millones de votos, se va adueñando de las sociedades y acorralando a las fuerzas democráticas, lo veremos este domingo, 7 de octubre, día en se efectúan en Brasil las elecciones para escoger al sucesor del golpista Michel Temer. Dos candidatos son los favoritos de las encuestas: el ultraderechista Jair Bolsonaro, excapitán del ejército, con el 31 % de intención de voto; y el demócrata Fernando Hadad, del Partido de los Trabajadores (PT), con el 22 %. Las encuestas más recientes indican que habrá segunda vuelta y que en el ballotage Hadad derrotaría a Bolsonaro.

El único autorizado por el ejército para ganar las elecciones es el excapitán Bolsonaro. Este candidato no configura un modelo de principios democráticos.

Hasta aquí podría pensarse que en Brasil hay un desarrollo democrático normal. El pueblo puede, en apariencia, expresar libremente su voluntad en las urnas; pero los antecedentes hacen temer que la samba electoral de Brasil no será una samba democrática. El derrocamiento “institucional” (a todas luces ilegal) de la presidenta Dilma Rousseff en 2016, una conjura entre diputados, jueces, magistrados, medios y militares, y el artero vicepresidente Temer, fue una puñalada en el corazón de la democracia.

Después, el expresidente Lula da Silva, a quien se consideraba el más seguro ganador de las elecciones presidenciales del domingo próximo, resultó falsamente acusado de “corrupción pasiva”, sin prueba alguna, y condenado, sin la menor prueba, por un juez que se prestó para el juego de eliminar la candidatura de Lula por vía judicial. Cuando en el futuro se escriba la historia de este episodio vergonzoso, el nombre del juez Sergio Moro figurará como sinónimo de infamia. Desde luego, no es el único infame. También están los militares que amenazaron a magistrados, favorables a declarar la inocencia absoluta de Lula, con tomar represalias si se atrevían a reversar el fallo del juez Moro.

Obligado Lula a resignar su candidatura, escogió como sucesor a Fernando Hadad, su fórmula vicepresidencial, a quien el jefe del ejército advirtió que si gana las elecciones se considerará que hubo fraude y no se le permitirá que se posesione. El único autorizado por el ejército para ganar las elecciones es el excapitán Bolsonaro. Este candidato no configura un modelo de principios democráticos.

En sus declaraciones, dechado de las principales virtudes de la ultraderecha, dice que los negros deben dormir en jaulas, que los derechos humanos son un adefesio, que la educación sexual atenta contra la moral porque “les enseña a los niños a jugar con muñecas”, y habla con menosprecio de las mujeres, a las que considera seres inferiores. Con razón ha surgido, en Brasil y en otros países, casi que espontáneamente, una movilización gigantesca de mujeres contra la candidatura de Bolsonaro #EleNão (Él no), ‘Vote por cualquiera menos por Bolsonaro’.

Con la amenaza de los fusiles sobre las urnas no es fácil pensar que el lunes estén bailando en Brasil una samba democrática, aunque resta la esperanza de la segunda vuelta.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.