América Latina y la década que viene (4)

América Latina y la década que viene (4)

El atraso cultural nos ha impedido tener una identidad con el entorno continental, una integración.

02 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Cualquiera que gane las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre próximo, el republicano nacionalista de derecha, Donald Trump (actual presidente), o el demócrata globalista de derecha, Joe Biden, será igual para América Latina. Con ninguno de los dos les irá mejor a las naciones que pueblan el continente desde el sur del Río Bravo hasta el Caribe y la Patagonia, poco más de seiscientos cincuenta millones de habitantes, el setenta por ciento de ellos hispanohablantes, el veintiocho por ciento lusohablantes (ambos con una rica variedad de idiomas y dialectos indígenas regionales) y el dos por ciento restante se divide entre hablantes de francés o creole (Haití) y de neerlandés (Surinam); un total de veintiún países soberanos distribuidos en una superficie de algo más de veintidós millones doscientos mil kilómetros cuadrados.

Ese territorio vasto está cubierto por riqueza inmensa en biodiversidad, en recursos naturales de todo género, paisajes incomparables, etc. Sin embargo, tal riqueza material está descompensada por una gran pobreza cultural, sostenida a lo largo de nuestra vida republicana por clases dirigentes elitistas, ignorantes, corruptas, rapaces y depredadoras que han puesto siempre su interés particular por encima del interés general de sus países y del bien común.

Esto que digo no es ninguna novedad. Lo han dicho antes los más ilustres pensadores latinoamericanos, sin que sus palabras hayan hecho mella en la corteza cerebral impenetrable de los dueños del poder, a lo largo de dos siglos de independencia virtual.

El atraso cultural nos ha impedido tener una identidad con nuestro entorno continental, una integración, personal y colectiva, con el ambiente en que vivimos, un conocimiento cabal de lo que somos y de lo que poseemos, y en consecuencia una incapacidad casi absoluta para defender lo que nos pertenece y a lo que pertenecemos.

Los latinoamericanos no podemos seguir creyendo en la vieja patraña impuesta por la doctrina Monroe (1823), de que nuestra estrella polar está en el Norte, ni tampoco al otro lado del océano. Nuestra estrella está al Sur, sobre nuestras cabezas, y ella nos dará la lumbre que necesitamos para andar con seguridad por el sendero peligroso de los diez años venideros, y para mostrarle al mundo que somos el continente de la esperanza en un mundo mejor, sin guerras, sin inequidad, sin pobreza y sin excesos de riqueza acumulada en unos pocos.

Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), ha propuesto como fórmula “para rescatar las empresas arruinadas por la pandemia, y salvar empleos”, la de ‘colombiano compra colombiano’. Es una buena fórmula. Carlos Lleras la ensayó con éxito; pero es una fórmula de corto alcance, como el mismo Lleras lo sabía.

La ecuación debe ser ‘colombiano compra latinoamericano; latinoamericano compra colombiano’. Cada uno de nuestros países debe fijar sus ojos en dos perspectivas. Una, los mercados locales (el comercio interno) y otra, el gran mercado de seiscientos millones de consumidores potenciales, que afianzarán la prosperidad sostenible de las grandes, las medianas y las pequeñas empresas, y permitirán alcanzar la menta ansiada de ‘desempleo cero’.

Nada, empero, lograremos si antes no le torcemos el pescuezo al atraso cultural. Tenemos que darle un vuelco a la educación primaria, secundaria y superior. Estimular, no con cuentagotas de avaros, sino a raudales generosos, la investigación científica, tecnológica, literaria, histórica, y el aprendizaje a fondo de las ciencias humanas. La Universidad será el motor que nos mueva hacia el desarrollo. Hay que quitarle a la educación el polvillo maléfico de elitismo y privilegio con que la ha infestado el neoliberalismo. Las universidades públicas deben recibir el apoyo total de los gobiernos, como una política de Estado, y debe subsidiarse también a las IES pequeñas que facilitan el acceso a los estudios superiores a estudiantes de bajos recursos económicos. La universidad fue la nave en que el Medievo avanzó del oscurantismo hacia el Renacimiento. Sin la universidad no podremos desbordar el atraso.

Enrique Santos Molano

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