Urnas blancas

Urnas blancas

Venezuela, esta tierra de nadie, es hoy un campo de tiro donde los niños juegan entre las armas.

10 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Si a los cincuenta se dice que “murió joven”, entre los treinta y cuarenta “aún hay tiempo” y, a los veintiuno, yo afirmo sin titubear que tengo toda la vida por delante. ¿Qué diría Brayan de no haber sido asesinado a los diez años? Nada, pues murió sin saber que moriría, simplemente se despertó ese día sin saber que, llegada la noche, dormiría en un ataúd.

Brayan Navarro solo quería patear un balón de fútbol para llevarle un trofeo a Guayana y su club de mineros, jugar como le gustaba a su papá, pero nadie escoge su disparo; solo que a Brayan no lo mató una cruel vuelta del destino o mala suerte, a él lo mató la delincuencia. Fue la bala de un antisocial disparada contra el vehículo de su padre la que se robó la vida de quien aún contaba sus años con los dedos de las manos.

El 12 de septiembre se cumple un mes del asesinato de Brayan, un mes desde que otra urna blanca se unió a las fosas que descansan en el cementerio de Ciudad Guayana. Sus padres aún no se han quitado las ropas negras que simbolizan su duelo y nunca dejarán de llorar su pérdida, sus miradas alegres se convirtieron ahora en ojos neutros que no esperan nada más que la inminente ceguera de la muerte.

Brayan no es la única víctima de este sistema de seguridad inexistente. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, 1.484 niños fueron asesinados en 2018

Venezuela, esta tierra de nadie, es hoy un campo de tiro donde los niños juegan entre las armas y los blancos porque Brayan no es la única víctima de este sistema de seguridad inexistente. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, 1.484 niños fueron asesinados en 2018, cifra que, me atrevo a decir, será superada con creces al final de 2019.

Sin embargo, no son solo las muertes violentas las que están arrebatando vidas en este país, donde ni los más fuertes sobreviven, las enfermedades incurables en este intento de nación donde enfermarse es un lujo son una de las que más vidas cobran. Según cifras de la Fundación de Niños con Cáncer en Carabobo, 50 de cada 100 niños con cáncer pierden la vida por falta de insumos; algunas ONG denuncian que 56,9 % de los infantes venezolanos sufren algún grado de desnutrición; de ese porcentaje, 22,7 % padece desnutrición aguda.

Entonces, el hambre sumado a la escasez y la delincuencia impune están haciendo de Venezuela un país de urnas blancas y madres vestidas de luto que lloran la vida perdida de un hijo que pasó a vivir al mundo sin rostro de los espectros, mientras que en este cementerio de muertos vivientes que es Venezuela, los familiares poco a poco van olvidando sus caras, pero no las huellas de sangre ignoradas que los políticos intentan borrar.

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