Humanos e inhumanos

Humanos e inhumanos

Maduro abrió la herida cuando sus verdugos quemaron un camión con ayuda humanitaria.

01 de marzo 2019 , 07:26 p.m.

Juan Guaidó pareciera ser el hijo prodigo de Venezuela, pese a que nadie sabía de quién era ese nombre hasta que se juramentó como Presidente de la Asamblea Nacional (AN) el 5 de enero y, antes de que terminara el mes, aquel 23, una fecha nostálgica para quienes saben algo de historia en Venezuela, se subiera a un podio improvisado para asumir, de manera constitucional, las competencias del ejecutivo nacional.

A partir del 24 de enero de 2019 el rostro de Guaidó decora las portadas de un número considerable de periódicos americanos, incluso en las noticias del Sr. Nicolás se habla de aquel hombre que ni siquiera había nacido cuando opositores como Henry Ramos Allup comenzaron su carrera política.

Buscó que se cumpliera una agenda al pie de la letra y lo logró, cosa que ningún otro político opositor ha logrado en los últimos 20 años. Su logro mayor llegó en forma de canción este 22 de febrero cuando el puente Tienditas del lado de Cúcuta sirvió de escenario para el Venezuela Aid Live, porque sí, aunque muchos no hemos caído en cuenta, quienes vivimos en esta nación tricolor nos convertimos en una obra de caridad.

Fue como si todo lo que nos aqueja quedara atrás y no porque hayamos intentado borrarlo con el olvido, todo lo contrario, buscamos engrandecer nuestra nacionalidad con una nueva oleada de esperanza.

Para nosotros estar mal es ir bien porque por primera vez en 2 décadas el mundo se está dando cuenta que no somos un país de malcriados que quiere llamar la atención, somos un pueblo que pide a gritos ayuda.

La última vez que se hizo un evento de tales magnitudes fue por África en 1985. Sí, África, el continente con los países más pobres del mundo, donde, como le dijeron en una entrevista a Martín Caparrós, las personas a duras penas pueden comer arroz y plátano. En 2019 se hizo por Venezuela, el país que en 1985 era una de las naciones más ricas de América Latina. Esos fueron los resultados del socialismo del siglo XXI.

Fue un solo hombre quien pago por el Venezuela Aid Live, un británico de nombre Richard Branson quien de ser un ser egoísta permanecería en su mansión comiendo bien, pero no, se vistió con una franela de algodón y nos regaló un discurso que, literalmente, lo hizo temblar. Venezolanos que he admirado toda mi vida se subieron al escenario que Branson pagó para regalarle su talento al país que los dio a luz, entre ellos Luis Chataing, Erika de la Vega y George Harris, y eso solo fue animando.

Antes de aquel 22 nunca había escuchado hablar de Reymar Perdomo y su travesía rumbo a Lima, que cantó con una guitarra en forma de cuatro. Estar recién operado tampoco fue suficiente para mantener a José Luis Rodríguez lejos de aquel escenario. Fue imposible que no se me erizaran los vellos al ver a Diego Torres dedicándonos una canción que ya parece nuestra: Color esperanza. Y solo el que no tiene corazón no lloró con el discurso de Un mexicano con corazón en forma de arepa, Daniel Habif, salvo quizás los rojos, quienes como Nicolás “Se pudrieron antes de madurar”. Ese día, Mi niña bonita se escuchó mejor que nunca y quién iba a pensar que Alesso y Reinaldo Armas compartirían la misma tarima.

Todos ellos se vistieron de blanco y desde aquel micrófono nos hablaron con su música y en cada una de sus letras, sin decirlo, se decía lo mismo: Venezuela, tratar de comprender lo mucho que te quiero es como tratar de visualizar el tamaño del universo.

Fue como si todo lo que nos aqueja quedara atrás y no porque hayamos intentado borrarlo con el olvido, todo lo contrario, buscamos engrandecer nuestra nacionalidad con una nueva oleada de esperanza. De alguna manera, desde aquel evento, todos quieren hacer algo por Venezuela, es evidente en los 2,5 millones de dólares que se recaudaron.

Desde aquel día es como si la herida abierta de nuestro corazón comenzara a cicatrizar, hasta que el 23 Maduro la abrió cuando de la manera más inhumana posible sus verdugos quemaron un camión con ayuda humanitaria, los perdigones volaron por los cielos y, de nuevo, hubo muertos ¿Por qué? Porque querían que las medicinas y los alimentos llegaran a los necesitados.

El oficialismo fue capaz de liberar a los presos quienes son capaces de morir con tal de matar a un grupo de personas vestidas de blanco. Algunos murieron, pero los buenos somos más, aunque vistan uniformes militares y hoy ya son más de 300 desertores que, como se dice por ahí, “se pusieron del lado del pueblo”.

Aunque no lo parezca aún hay esperanza, incluso para quienes la creíamos perdida, como esta joven periodista.

Sal de la rutina

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