Carnicería en Perú

Carnicería en Perú

Así como hay gente dispuesta a salir adelante, también hay antisociales que buscan emigrar.

27 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

De la misma forma en que un padre de familia emigra para poner un plato de comida en la mesa, también lo hace un político corrupto huyendo de la escasa justicia que puede quedar en Venezuela. Así como un joven recién graduado busca salir adelante en suelo extranjero, las bandas criminales, como aquella a la que pertenecía Rubén Matamoros, pueden llegar a Perú.

No todos lo dicen, porque en Venezuela quieren aferrarse a la falsa verdad de que los migrantes son víctimas y nunca victimarios, y sí, Rubén Matamoros se convirtió en un mártir y fue descuartizado, pero antes de eso —según fuentes de la Policía peruana— era miembro de una red de prostitución y tráfico de drogas que se fue de Venezuela porque vio en Perú un mercado lucrativo.

Al igual que la ‘Banda de la Cota 905’, hay muchos grupos delictivos venezolanos que operan en suelo ajeno.

Como venezolana disfruto criticar a los políticos con base en los hechos, y sin vergüenza escribo que mi país tiene hambre, lo cual no deja de ser cierto, como también lo es el hecho de que así como hay quien está dispuesto a salir adelante, también hay venezolanos antisociales que buscan emigrar.

Así como hubo un Jordi en Ecuador, existió un Rubén Matamoros en Perú, país que aún alberga a los venezolanos que lo descuartizaron junto a un peruano inocente que no supo escoger sus amistades.

Lucrándose de la prostitución y del tráfico de drogas, a los 22 años no creo que Rubén Matamoros haya pensado aquel día que su vida había durado demasiado, como tampoco lo hizo su cabeza sobre sus hombros ni sus extremidades en su torso. Decir “descuartizado” es decirlo bonito, lo que hicieron con él y con Jafet Torrico fue una carnicería.

Cuatro de los cinco venezolanos implicados están a la orden de las autoridades del Perú, mientras que Matamoros, por una mala decisión, es hoy un rompecabezas humano en alguna mesa quirúrgica. Tenía mi edad, y mientras yo —desde mi postura de desconocido que escucha lo peor— escribo sobre él, Matamoros fue descuartizado, siendo su propia extinción su logro más grande, porque antes de su asesinato nadie sabía su nombre ni le importaba siquiera.

Puede que muchos radicalistas se valgan de este hecho para sus ataques xenófobos contra los venezolanos que prefieren lavar autos por propinas a vender paquetes de marihuana a 10 soles cada uno, como hizo Matamoros. Pero ningún país está libre de asesinos, traficantes o prostitutas, y así como hay venezolanos malos, también hay delincuentes en Perú, Ecuador y Colombia porque los países no son quienes construyen criminales.

Lo que sucede es que hoy por hoy Venezuela es el foco de atención, y mientras nadie habla que en Argentina nuestros médicos están salvando vidas, todos hablan de los venezolanos descuartizadores que migraron a Perú.

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