Bolívar, descansa en paz

Bolívar, descansa en paz

El bolívar ha padecido la crisis económica incluso más que los venezolanos.

30 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Había una vez, en un país donde hasta el pasto se ha vuelto un lujo, una moneda nombrada en honor a aquel ilustre apodado el Libertador, y digo ‘había’ porque el bolívar está quedando en el olvido.

Ya es agosto de 2019, casi septiembre. Ha pasado un año desde que el bolívar fuerte se volvió soberano, 12 meses desde que le quitaron cinco ceros a la moneda, y ya en Venezuela volvemos a hablar de ‘miles’.

No ha cambiado nada. Nuestra economía sigue estancada, me atrevo a decir que atrapada e incluso extraviada en un mercado de compra y venta en moneda extranjera en el que el bolívar soberano perdió toda soberanía.

Si se revisa la evolución de la moneda, se puede hacer una línea de tiempo en la que se evidencie el retroceso de la economía en este país

Con una hiperinflación acumulada de 905,6 por ciento hasta mayo de este año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el dólar americano como el principal rubro no oficial en el país, hablar del bolívar venezolano es como referirnos a un interesante desperdicio adornado con el rostro de algunos próceres.

El bolívar ha padecido la crisis económica incluso más que los venezolanos. De hecho, si se revisa la evolución de la moneda, se puede hacer una línea de tiempo en la que se evidencie el retroceso de la economía en este país.

Con el creciente aumento del dólar paralelo, que superó la barrera de los 20.000 bolívares, el salario de los venezolanos se evaporó; a quienes ganan sueldo mínimo les pagarán 2,26 dólares a cambio de un mes de trabajo, es decir, menos de un kilo de queso. Mientras tanto, se especula sobre un posible aumento salarial, el cual solo será capaz de empeorar la situación económica de quienes ya somos pobres.

Situaciones tan agudas como la nuestra generan en algunas mentes escépticas una pregunta recurrente: ¿por qué Maduro, este hombre ignorante, tiene poder? Para mí, la respuesta es simple: porque Venezuela se doblegó, porque aquellas generaciones que estuvieron antes de la mía creyeron ciegamente en un hombre que dejaba tras de sí la huella sangrienta de sus botas de militar y, al morir este, estamparon su meñique entintado debajo del rostro de Nicolás; los jóvenes, que no eran culpables de nada, arriesgaron sus vidas y algunos hasta la perdieron luchando para que los ancianos que sí votaron rojo pudieran dormir tranquilos, pero perdieron la lucha contra perdigones y armas militares, al igual que lo hizo el bolívar al enfrentarse al dólar. Esa es la respuesta.

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