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Gente, como usted

Gente, como usted

Sabemos lo que hace la discriminación y cómo se expresa. Y por eso es que sabemos de Orgullo.

25 de junio 2021 , 11:22 p. m.

Un beneficio inesperado del covid es poder hablar de un virus y que la gente entienda. Hace dos décadas, hablar del VIH era un asunto vergonzante. En los años 80, cuando estalló la epidemia del virus del sida, el activismo se vio forzado a desarrollarse debido a la falta de acción de autoridades sanitarias y de gobierno. Aunque la OMS contaba cerca de 10 millones de casos en solo 10 años de una enfermedad devastadora, cuyo diagnóstico positivo anunciaba máximo 2 años de sobrevivencia, se mantenía una distancia para abordar el tema que no era más que discriminación.

Por la discriminación, la ciencia no dio respuestas a una enfermedad que reduce el sistema inmune hasta dejar a una persona inerme ante cualquier virus, hasta una gripa. Las medidas sanitarias de urgencia tardaron años, y la respuesta estatal demoró una década. Solo la solidaridad de miles de personas que acompañaron a morir a amigos, amantes y familiares, o a perfectos desconocidos, logró paliar un poco el dolor.

¿Por qué la demora en las respuestas o en las investigaciones científicas de urgencia? ¿Por qué los gobiernos tardaron en involucrarse y la sociedad en entender que una persona puede tener VIH sin desarrollar sida? ¿Y por qué tardamos en entender que el sida no es tan contagioso?

La respuesta es simple y aterra: la población más afectada al inicio de la pandemia eran homosexuales, hombres gais, principalmente. Gente que otra gente consideraba aberrada o criminal. Así que interpretaron el virus como castigo divino y dejaron morir a miles. Miraron para otro lado, a pesar de cifras aterradoras, o cerraron su puerta al hijo que los llamaba a informar que tenía los días contados.

Todo por un virus, como el covid. Que se transmite por intercambio de fluidos, es decir, requiere contacto. No por vía aérea, como el covid, que, además, puede infectar en simultánea a un grupo de personas, al compartir el aire que se respira.

Al final de todo, por miedo a la sexualidad y al placer. Por el rechazo a la sexualidad no reproductiva. No hay mucho más detrás de los prejuicios contra gente LGBT. La negación a entender la sexualidad más allá de la reproducción y el placer como un derecho de todos, independientemente de la construcción identitaria.

Mucha homofobia nace ahí. Hace siglos, los ingleses, tan rígidos, llamaban a los franceses gais “alegres”. Rechazar la felicidad del otro no es invento de esta época, la razón no cambia: frustración, que se reduce a: “Si soy infeliz, ¿por qué otros van a ser felices?”.

Sabemos lo que hace la discriminación y cómo se expresa: desde el suicidio, ese reclamo silencioso, hasta permitir una epidemia y perder vidas, al amparo del moralismo, la desinformación y el miedo. Y porque sabemos de discriminación es que sabemos de Orgullo.

En junio, como desde 1969, celebramos el Orgullo. Para que un muchacho que se identifique en femenino pueda ser, sin que nadie juzgue o critique, ni ser motivo de bromas de quien se considere con el derecho de hacer chistes maricas.

Muchas familias quieren apoyar a sus hijos LGBT, recomiendo tres libros:

De colores, de Cristina Rojas. El amor es de todos los colores, de Camila Chaín. No somos etcétera, de esta columnista.

Haga la diferencia, gente como usted es la que se necesita.

Y si usted es lesbiana, gay, bisexual o trans, sepa que saldremos a marchar o haremos sentir nuestra voz, también, por gente como usted, especialmente si todavía está en el clóset. Conocemos ese dolor, el silencio y la duda. Los miles que manifestamos el Orgullo también lo hacemos para que sienta que sí se puede y que tiene el derecho inalienable a ser feliz. No deje que nadie pretenda convencerle de lo contrario. ¡Feliz mes del Orgullo!

Elizabeth Castillo

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