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Discriminar mata

Discriminar mata

Hace siete años se suicidó. Se llamaba Sergio Urrego. Lo hizo empujado por la discriminación.

06 de agosto 2021 , 08:29 p. m.

Tenía 16 años y ese nunca será un dato menor. Lo mató la homofobia, una forma de violencia de género. Como sucede muchas veces, murió por mano propia. Hace siete años, un 4 de agosto, se suicidó. Se llamaba Sergio Urrego. Lo hizo empujado por la discriminación, la hostilidad y la violencia que encontró en las personas y autoridades que tenían que ayudarlo.

En No somos etcétera, veinte años de historia LGBT en Colombia, en un capítulo llamado como esta columna, describí la lucha denodada de Alba Reyes, la mamá de Sergio, ante el exceso de injusticias y atropellos que sucedieron alrededor de su muerte. El resumen: todo lo que podía salir mal en ese caso salió mal.

Desde la difamación y el acoso impulsados por la rectora del colegio, Amanda Azucena Castillo, recientemente condenada también por falsa denuncia, ocultamiento, alteración y destrucción de pruebas, porque hasta eso llegaron para tapar sus atropellos, pasando por los acosos de la Procuraduría, regida en ese momento por el vergonzoso actual embajador de Colombia ante la OEA, Alejandro Ordóñez, hasta la interpretación miserable que le dieron los de la campaña del ‘No’ al plebiscito, a la sentencia que ordenó proteger el nombre de Sergio.

En la sentencia T-478/15, la Corte Constitucional le ordenó al Ministerio de Educación varias acciones; entre ellas: revisar los manuales de convivencia de todos los colegios del país, tanto públicos como privados, para verificar el respeto a las y los alumnos LGBT y para obligar a que se promueva la convivencia y se combata el matoneo escolar.

Esa sentencia, una ministra de educación lesbiana y la votación del plebiscito por la paz se convirtieron en la tormenta perfecta para quienes tergiversaron todo. Dijeron que habría unas cartillas con contenido sexual explícito. Hasta usaron imágenes de una revista porno de Bélgica porque “no mentir” es un mandamiento en el que los antiderechos (recientemente autodenominados ‘provida’) no son tan escrupulosos. Así que hubo marchas de miles de personas en contra de algo inexistente. Porque había que “sacar a la gente a votar berraca”, como informó al país el mismo gerente de esa campaña infame.

La mamá de Sergio ha ocupado cada día de su vida después de la muerte de su hijo, primero, en defender su nombre. Y, segundo, en tratar de evitar que esto vuelva a suceder en cualquier familia. Para eso, tan solo un año después de su pérdida, creó la Fundación Sergio Urrego, que ha funcionado y crecido, a pesar de todas las dificultades de financiación. La Fundación ayuda a jóvenes que sienten la angustia que causa la homofobia y tienen ideación suicida. También asesora a papás o mamás de gente LGBT que quieren ayudar y apoyar a sus hijos, pues, por fortuna, cada vez más familias buscan ayuda.

Atendieron 3.100 casos en el 2020, y a julio de 2021 ya superaron las 2.000 consultas, porque la pandemia ha agravado todos los escenarios para quienes están en el clóset. Las violencias y la discriminación por homofobia se han acrecentado en las familias.

Vale aclarar que las expresiones violentas cuando un papá o mamá, o cualquier familiar, descubren que tienen un hijo homosexual, bisexual o trans son Violencia Intrafamiliar. No son expresiones legítimas de la parentalidad. Son violencia. Y tenemos que empezar a llamarlas y denunciarlas por su nombre.

Esta semana la Fundación cumple seis años de existencia, haciendo honor al nombre de una obra de Barraca Teatro: Sergio Urrego no está muerto, amiga mía. Y requiere apoyo para seguir ayudando a niños y niñas LGBT y a sus familias. Únase: Cuenta de ahorros 66258466561 - Bancolombia.

Por Sergio, de 16; por Cindy, de 14, o por Lorenzo, de 24 años, es hora de entender: discriminar mata. Y esa discriminación siempre empieza en las palabras y en los chistes. Háganse responsables.

ELIZABETH CASTILLO@ecastillova

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