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Cosas de mujeres

Cosas de mujeres

Es hora de dejar de lado ese discurso inmundo que señala y reprocha un suceso biológico natural.

26 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

"Estas son cosas que no entiendes / tal vez porque nunca hablamos de eso / porque es un asunto de sangre sin herida visible" (Cristina Toro)

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Uno de los temas pendientes en educación sexual –en este país sin educación sexual– es hablar de la menstruación. Un evento que sucede mensualmente, en todas las hembras de la especie humana, o al menos en la gran mayoría, durante alrededor de 45 años, entre la menarquia, cuando llega, y la menopausia, cuando desaparece, y que determina asuntos tan aparentemente ajenos como la deserción escolar o el aumento del consumo de productos para eliminar la irritación en la piel.

La ignorancia alrededor del tema es de tal dimensión que muchas mujeres no diferencian que el canal por el que se elimina la orina es muy distinto al canal por el que sale la sangre, por eso temen usar la copa menstrual. Y han recibido un mensaje permanente de secreto y sigilo que impide hablar del asunto y limita este evento mensual al silencio o a la complicidad de las amigas. Durante años, la publicidad resolvió mostrar una sangre azul que no supimos de dónde salió, y el sistema educativo tampoco aborda el tema, aunque 7 de cada 10 niñas tienen su primera menstruación en el colegio.

Los hombres saben aún menos al respecto, algunos son incapaces de comprar productos de higiene menstrual para sus compañeras, porque les da vergüenza. Y las empresas, que cada vez hablan más de inclusión, siguen completamente ajenas a este asunto, aunque la mayoría de sus empleadas sean mujeres.

No sobra otro dato: la palabra que reserva la Biblia para las mujeres menstruantes es 'inmunda', y quien se acerque a ellas queda inmundo también. Toda una pedagogía del terror que pervive, al punto de que muchos hombres se niegan a tener relaciones sexuales con mujeres que están menstruando, porque les da asco. Tal vez les sirva saber que, durante el periodo, la irrigación en la zona vaginal, aumenta la sensibilidad, es decir, la sexualidad es más placentera, deberían aprovechar.

Esta realidad biológica ha sido utilizada de manera eficaz por el machismo, para aislar, atacar, menospreciar y silenciar una realidad que nos identifica a todas.

Las hormonas regulan el ciclo menstrual, por eso suceden los cambios anímicos. Sí, tenemos cambios en la actitud y el comportamiento durante la menstruación, y también se ve afectada nuestra capacidad de funcionar al cien por cien. Y no son solo las hormonas, les pasaría lo mismo a los hombres si tuvieran una cita mensual con su cuerpo que implicara dolor e incomodidad física durante alrededor de una semana.

Hemos empezado a hablar de higiene menstrual y de derechos menstruales, porque el ostracismo con el tema ha sido tan efectivo que ha permitido absurdos, como que haya impuestos más altos para los productos que se usan ‘en esos días’, y también ha causado que una de cuatro niñas no asista a la escuela porque tienen la regla (Unicef 2015). Un impacto multidimensional que poco se observa y denuncia, y que constituye otra forma de violencia basada en el género.

Esta realidad biológica ha sido utilizada de manera eficaz por el machismo, para aislar, atacar, menospreciar y silenciar una realidad que nos identifica a todas. Y eso es violento. Por eso hay que celebrar iniciativas como la Academia Menstrual de Bloom, porque están contando lo que nadie quiere oír, porque están generando diálogos que las mujeres nos debíamos y porque están defendiendo el derecho de todas a ser tratadas con delicadeza frente a un tema que siempre se ha manejado a las patadas.

El 25 de noviembre se conmemora el ‘Día de la no violencia contra las mujeres’. De nuestros cuerpos, de nuestros ciclos, hay que hablar cada vez más. Es hora de dejar de lado ese discurso inmundo que señala y reprocha un suceso biológico natural y carga de culpa a quienes lo viven: las mujeres. Es hora de empezar a hablar con tranquilidad y con conocimiento, sin miedos absurdos, acerca de este asunto de sangre sin herida visible.

ELIZABETH CASTILLO@ecastillova

(Lea todas las columnas de Elizabeth Castillo en EL TIEMPO, aquí)

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