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Condenadas por defenderse

Condenadas por defenderse

'Las cárceles están llenas de mujeres condenadas por defenderse', dice Helena Hernández. Tiene razón

09 de julio 2021 , 09:25 p. m.

Llevaban juntos cinco años, y le había pegado muchas veces. Que fuera soldado no ayudaba, tenía mejor entrenamiento físico, la podía subyugar fácil, tenía mucha fuerza. “Pata y puño” es la manera como ella resume la relación. Un día, en medio de una de tantas golpizas, él la persiguió hasta la casa de una amiga donde ella se había refugiado. En medio de la trifulca, ella lo apuñaló, muy cerca del corazón. Sobrevivió.
¡Tentativa de homicidio!, gritó la Fiscalía. A esa voz se unió la Procuraduría, ambas entidades con desempeño miserable en el proceso. Y dolo, porque actuó con la intención de matar. ¡Que la condenen a prisión!, pidieron.

Ninguna forma de violencia es válida, pero no todas las violencias son iguales. Algunas suceden como consecuencia de violencias previas y no son más que la expresión del legítimo derecho de defender la propia vida. Hablo de violencias de género, no de violencias políticas, que operan distinto y tampoco se justifican.

Por fortuna se atravesaron una abogada defensora y un juez de Bucaramanga, que entienden lo que implican las violencias de género y las formas como se encubren. En la sentencia, al analizar el caso con perspectiva de género, se encontró que la violencia física había sido continua en la relación; que el desbalance de poder era evidente, que ella temía denunciarlo porque lo despedirían del Ejército y se quedarían sin sustento, y que si bien ella lo había herido, lo hizo en un momento en el que estaba bajo ataque.

La sentencia señala que la Fiscalía ni siquiera pudo determinar claramente el día y la hora de los hechos, ni eso. Tampoco consideró el historial de violencias, ni que la víctima de la puñalada, el verdadero agresor, estaba agrediendo a la imputada y la había perseguido hasta el lugar en el que ella se había refugiado. Nada de eso fue tenido en cuenta ni por la Fiscalía ni por la Procuraduría.

“Las cárceles están llenas de mujeres condenadas por defenderse”, dice la abogada penalista Helena Hernández; tiene razón. En 2004 hice una investigación sobre feminicidio en Colombia, publicada por Profamilia, y dediqué un capítulo a hablar con mujeres que estuvieran condenadas por matar a sus maridos, el patrón común: sufrían violencias de toda índole a manos de sus esposos fallecidos.

La única diferencia estuvo en que las que denunciaron pudieron alegar legítima defensa. Las que nunca hablaron del tema fueron condenadas severamente, porque se asumió en ellas una peligrosidad inexistente: “Lo atacó bajo los efectos del alcohol”. De ese tamaño es la urgencia de que todo el sistema de justicia aplique procesos de formación y opere en real justicia, utilizando la perspectiva de género y diferencial para analizar y fallar los casos, especialmente si las implicadas son mujeres.

En Colombia, cada 36 horas una mujer es asesinada por su esposo o compañero, o por su ex. Este tipo de delito se llama feminicidio. Se creó para mirar de forma más atenta el antes, durante y después de la muerte de una mujer. No es solo si apareció asesinada, sino en qué circunstancias, previas y simultáneas.

El enfoque de género es una materia pendiente en muchas áreas del conocimiento y el derecho, tan rígido, necesita con urgencia jueces, juezas, profesionales del derecho que puedan aplicar el enfoque de género y que entiendan cuándo una agresión es una agresión y cuándo es legítima defensa.

Para que vea lo graves que son las brechas de género, la legítima defensa se alega en favor del hombre que dispara contra sus atracadores, al que le iban a robar el carro o la plata. Pero no se le reconoce a la mujer que luego de años de maltratos mata a su agresor para preservar su propia vida. Muchas de ellas no tienen la fortuna de una buena defensa, ni siquiera por parte del Estado. Terminan condenadas por defenderse. ¿Hasta cuándo?

Elizabeth Castillo Vargas@ecastillova

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