Treinta años por la democracia

Treinta años por la democracia

Para que la democracia vuelva a adquirir valor, y valor universal, es menester ‘desoccidentalizarla’

23 de enero 2020 , 07:00 p.m.

Cumplir un año para cualquier revista periódica en estos tiempos es una hazaña. Llegar a los 30 debe convertirse en júbilo. Sobre todo si sus páginas están dedicadas a una buena causa, como el Journal of Democracy, la revista que en las últimas tres décadas ha liderado la discusión global sobre la suerte de las democracias en el mundo.

‘Democracia asediada’ es el título del artículo que abre el número conmemorativo de la revista, escrito por Marc F. Plattner, uno de los coeditores del Journal of Democracy desde su fundación. Cómo salir de la depresión democrática es el título del ensayo del otro coeditor y también fundador, Larry Diamond. En su volumen de enero, la revista incluye otras reflexiones sobre los destinos de la democracia por notables autores, como Francis Fukuyama y Steven Levitsky.

La democracia liberal, advierte Plattner, “está hoy bajo la amenaza más fuerte en cualquier tiempo desde la Segunda Guerra Mundial”, no obstante sus avances desde fines de la década de 1970. En un verdadero tour de force, Diamond hace un repaso del escenario mundial que corrobora con suficientes detalles la impresión de la crisis profunda que sufre la democracia contemporánea.

Por supuesto que los problemas no se originaron ayer. ‘¿Está la democracia en descenso?’ fue el tema central de la revista al conmemorar sus 25 años. Pero la sensación de vivir en una época de marcados retrocesos democráticos es ahora mucho más generalizada, motivada por claras señales que han mantenido las alarmas encendidas hace rato.

El motivo más inmediato del sentimiento de desasosiego mundial se encontraría en las crisis de las llamadas “democracias avanzadas” (en Estados Unidos y Europa occidental), y en su desentendimiento con su suerte universal, como si hubiésemos perdido la brújula. ¿Estamos ante una verdadera encrucijada? ¿Hay mejores alternativas? ¿Cómo (re)encauzar la democracia para asegurar su futuro sobre caminos más firmes?

Los retos de la democracia son enormes. Siempre lo han sido y lo serán. Su futuro depende en buena parte del vigor del debate público y de su defensa intelectual

En su reflexión sobre cómo “rejuvenecer” la idea de “promover la democracia”, Thomas Carothers sugiere superar las viejas fronteras entre democracias “avanzadas” y “en desarrollo”. Nada más oportuno. Si algo se ha hecho evidente con la expansión global del populismo, es la poca utilidad de tan marcadas barreras para entender la trayectoria de la democracia.

Basta un somero repaso de la historia.

“¿Dónde y cuándo se inventó la democracia?”, se preguntó John Markoff en un ensayo pionero que demostraba cómo muchas de las innovaciones democráticas se originaron en países periféricos. Al experimentar con la democracia en el siglo XVIII, vale advertirlo, Estados Unidos eran entonces un país periférico.

Es errado pensar que Estados Unidos y Europa occidental han estado siempre en la avanzada democrática. Considérese tan solo la sobrevivencia de la esclavitud norteamericana hasta mediados de siglo XIX, y de los múltiples mecanismos de exclusión ciudadana hasta un siglo después. ¿Y es acaso necesario recordar la debacle del liberalismo y la democracia en Europa a partir de 1920?

Para que la democracia vuelva a adquirir valor, y valor universal, es menester ‘desoccidentalizarla’, como lo ha sugerido Amartya Sen. Ello no significa despreciar los aportes de Occidente. Significa, sí, descentralizar sus recorridos. Es lo que John Keane hace en su interesante libro Vida y muerte de la democracia.

Los retos de la democracia son enormes. Siempre lo han sido y lo serán. Su futuro depende en buena parte del vigor del debate público y de su defensa intelectual. Esa ha sido la importante tarea del Journal of Democracy, cuyos 30 años son motivo de merecida celebración.

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