¿Nada será lo mismo?

¿Nada será lo mismo?

En los países que han comenzado a salir del confinamiento pueden verse indicios de lo que nos espera

18 de junio 2020 , 09:25 p. m.

“Viajar nunca volverá a ser lo mismo”, decía el mensaje que recibí hace algunos días.
Un pasajero que aterrizó en Londres a fines de mayo narró su extraña experiencia, sin colas de seguridad ni tampoco para entrar al avión; sillas vacías para escoger. Pero los cambios que se vienen, al reanimarse el movimiento aéreo, son otros: documentos adicionales que certifiquen nuestro estado de salud, termómetros a la entrada para verificar que no tenemos fiebre, restricciones del equipaje de mano, hasta necesidad de permiso para ir al baño.

Estos serán, quizás, cambios superficiales. ¿Qué tanto transformará la pandemia nuestra vida cotidiana, la sociedad y el mundo? Es aún muy temprano para conocer la respuesta, pero en los países que han comenzado a salir del confinamiento pueden verse indicios de lo que nos espera.

En búsqueda de modelos para salir de la crisis, los ojos del mundo occidental han tendido a fijarse con admiración, más que de costumbre, en los países de Oriente, cuyas políticas de contención del virus han sido más eficaces que las desplegadas en Europa y Estados Unidos. Corea del Sur, con unos 12.000 contagios y menos de 300 muertes por el coronavirus, logró evitar el confinamiento nacional.

¿De regreso a la normalidad?

“Debemos quitarnos de la cabeza la fantasía de que volveremos al pasado al que estábamos habituados”, observó el alcalde de Seúl en el Financial Times (FT, 17/6/2020). El mismo informe relata las rigurosas instrucciones de una madre a su hijo de ocho años al dejarlo en la puerta de la escuela, después de haber llenado un formulario en línea sobre su salud y viajes de la familia: mantener distancias y no hablar con nadie, ¡ni con sus amigos!

La vida cotidiana mundial estará también condicionada por el impacto económico de esta crisis, que ha afectado de manera desproporcionada los sectores sociales más vulnerables.

La foto que acompaña el informe del FT es reveladora: todos los alumnos en clase con máscaras faciales, sentados en medio de cubículos individuales de plástico y con la mirada fija en sus celulares. Tras las epidemias del 2003 y el 2015, algunas de las medidas no son novedosas para los surcoreanos. Han desarrollado sistemas eficientes de rastreo para detectar redes de contagio. El servicio de salud tiene acceso a datos importantes, a través de los celulares, las tarjetas de crédito y las cámaras de vigilancia.

¿Adiós a la privacidad?

Además de nuevas regulaciones, la vida cotidiana mundial estará también condicionada por el impacto económico de esta crisis, que ha afectado de manera desproporcionada los sectores sociales más vulnerables y a la juventud que se preparaba a entrar al mercado laboral. Estamos ya sufriendo la “recesión más seria de la historia en tiempos de paz durante los últimos 150 años”, escribió Martin Wolf en el FT (17/6/2020).

Sus predicciones son lúgubres, aunque advierte que, con sabias decisiones, podríamos cambiar el curso del que hoy parece un futuro sombrío.

Las reflexiones desde la historia tampoco ofrecen solaz. Algunas, sin embargo, invitan a reimaginar el porvenir si logramos aprender de las experiencias pasadas.
“Las plagas dejan las sociedades permanentemente transformadas, con frecuencia en formas sorprendentes”, señala Charles Mann en The Atlantic (junio de 2020). Devastadora, la Muerte Negra del siglo XIV les abrió el camino al Renacimiento y, eventualmente, a la Ilustración.

¿Nada será lo mismo?

Solo el tiempo lo dirá. Pero en la calle, tras meses de confinamiento, la atmósfera es rara. ¿Podremos “sacudirnos de esta pesadilla y despertar en un amanecer más diáfano”?, se pregunta la historiadora Margaret MacMillan (Prospect, junio de 2020), al advertir que crisis como esta no solo “prueban, sino que reordenan a las sociedades, algunas veces para bien”. Necesitamos más narrativas de esperanza.

Eduardo Posada Carbó

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