Modos de globalizar

Modos de globalizar

Es la agenda de la globalización la que debe discutirse, en vez de proclamar el fin de una era.

28 de mayo 2020 , 07:12 p.m.

“La era moderna de la globalización está en peligro”, advirtió el 'Financial Times' este lunes. Días atrás, la advertencia provino de 'The Economist'. Estas son voces de alarma de quienes han defendido, por lo general, un orden económico mundial sobre bases liberales. Pensadores políticos identificados hoy con el nacionalismo, como John Gray, lo expresan en tono definitivo: “La era cumbre de la globalización ha llegado a su fin”.

La crisis desatada por el covid-19 provocó una verdadera estampida global hacia los encerramientos, primero de ciudades, luego de provincias y, casi inmediatamente después, de países enteros. Mientras gradualmente el mundo comienza a reabrir sus puertas, nos espera una incógnita que exige serias reflexiones.

¿Estaremos desde ahora sometidos a una vida de perpetuo aislamiento, bajo fronteras nacionales cada vez más infranqueables? ¿Estamos de veras ante los últimos alientos de la globalización?

Valen unas aclaraciones preliminares.

Eso que llaman ‘globalización’ no es nada nuevo –si por ello entendemos un mundo interconectado–. Pero la expresión se puso de moda, símbolo de una época que quiso marcarse con las enormes posibilidades ofrecidas por economías más abiertas acompañadas de profundas transformaciones tecnológicas.

Cualesquiera fuesen sus características, la globalización ha estado bajo asedio mucho antes de la crisis del coronavirus. Asediada sobre todo por la proliferación de populistas xenófobos.

Cualesquiera fuesen sus características, la ‘globalización’ ha estado bajo asedio mucho antes de la crisis del coronavirus. Asediada sobre todo por la proliferación de populistas xenófobos. Ha sido un fenómeno notable en el caso europeo durante la década más reciente, pero la ola nacionalista parece haber ganado momento con la elección de Trump en Estados Unidos y el triunfo del brexit en el Reino Unido.

Es importante, además, abordar la discusión por encima de simples dicotomías: no se trata de tomar partido entre la globalización y los Estados nacionales. Un ensayo de Dani Rodrik, profesor de Harvard, sirve para aclarar los términos del debate (Prospect, junio de 2020).

La ‘globalización’ en sí misma, advierte Rodrik, no es el problema. No lo puede ser. Es nuestro destino, parte integral de nuestra existencia como seres humanos. El reto es cómo darle forma. Hay ‘modos’ de globalizar. El que ha imperado en tiempos recientes (“hiperglobalización”, lo llama Rodrick) no es el más ejemplar, por exacerbar desigualdades en extremo.

Rodrick no sugiere una fórmula prescriptiva. Identifica, sí, unos principios básicos que nos permitan concebir una globalización distinta, más ajustada a nuestras necesidades planetarias. Habría que establecer, por ejemplo, cuáles problemas podrían resolverse de manera más eficiente bajo esquemas globales o nacionales. ¿Obvio? Sí, claro, pero siempre es sabio recordar lo obvio en tiempos de confusión.
Con este principio elemental, Rodrik señala también la importancia de encontrar una combinación apropiada entre la “eficiencia global y la diversidad de políticas” nacionales.

Lo siguiente es determinar los “bienes públicos globales” que exigen atención prioritaria. Es evidente que la salud pública la requiere hoy con más urgencia que nunca. Solo con acciones globales eficaces lograremos aplacar la pandemia. Tan evidente como garantizar las condiciones de sostenibilidad del medio ambiente.
Esta crisis, se nos repite hasta la saciedad, es apenas un anticipo de la que se nos vendría encima si no resolvemos el problema del calentamiento global.

La globalización hacia el futuro, según Rodrik, tendrá menos dimensiones económicas y se ocupará más de temas como el cambio climático, los derechos humanos o la salud pública. Quizás. Es la agenda de la globalización la que debe discutirse, en vez de proclamar el fin de una era.

Eduardo Posada Carbó

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