Fin de las cortesías

Fin de las cortesías

Lo sucedido entre Donald Trump y Nancy Pelosi refleja las fracturas del tejido norteamericano.

13 de febrero 2020 , 07:39 p.m.

Comenzó con una descortesía y terminó con otra. Primero, el presidente norteamericano, Donald Trump, decidió dejarle el saludo colgado a Nancy Pelosi, líder de la Cámara de Representantes. Después, tan pronto Trump finalizó el tradicional discurso anual del estado de la Unión en el Congreso, Pelosi desgarró en pedazos el texto presidencial.

En otras circunstancias parecería otra escena trivial, una trifulca política más, sin mayor significado. ¿O simplemente un signo de la época, donde lo único que vale es entretenimiento? Lo sucedido aquel día, históricamente lleno de simbolismos, refleja las fracturas del tejido norteamericano, cuya gravedad ha disparado ya muchas alarmas.

‘Cómo frenar una guerra civil’ es la portada en 'The Atlantic', la importante revista que comenzó a publicarse en Boston en 1857.

Jeffrey Goldberg, su editor, reconoce que las circunstancias no son las mismas de las de mediados del siglo XIX, cuando Estados Unidos se enrumbaba al conflicto interno más trágico que sufrió entonces el hemisferio. Pero la revista expresa su preocupación por los quiebres de los lazos sociales. El nombre de su escrito lo dice todo: ‘Una nación que se deshace’ ('The Atlantic', diciembre de 2019).

¿Alarmismo? Las señales son tantas, y tan serias, que 'The Atlantic' decidió dedicar un número especial de la revista al tema: interrogantes sobre “la fractura y unidad” de Norteamérica requieren “los servicios” de los “mejores escritores y pensadores” del país.

El examen de las causas de la fragmentación ocupa la primera sección de un dosier extraordinario. Según Yoni Appelbaum, los cambios demográficos podrían explicar buena parte de la crisis.

Lo sucedido entre Donald Trump y Nancy Pelosi, históricamente lleno de simbolismos, refleja las fracturas del tejido norteamericano, cuya gravedad ha disparado ya muchas alarmas.

La población blanca y cristiana que ha constituido la mayoría tradicional en Estados Unidos se siente hoy acorralada. A ello se suman los avances femeninos y cambios generacionales, acompañados de una agenda progresista que puso a la defensiva a los sectores conservadores. Tras la reelección de Obama en 2012, los temores de muchos republicanos de verse relegados a “una posición de minoría eterna” se intensificaron.

Para otros, como para la escritora Tara Westover, el problema tiene raíces económicas, agravadas por una recesión prolongada desde la crisis financiera de 2008. Desde entonces, las distancias sociales y hasta geográficas se polarizaron en extremo: un “país” dejó de entender al “otro”. Algunos piensan que el problema es institucional: el sistema de elecciones primarias para elegir candidatos presidenciales no sería conducente al buen gobierno.

Cualesquiera fuesen las causas, la revolución tecnológica no parece ayudar. Por el contrario, estaría provocando mayores divisiones. Investigaciones sobre el uso de Twitter demuestran hasta la saciedad que dicho medio es un estimulante para los instintos más primitivos de la humanidad. La reflexión, la sutileza y el argumento razonado han perdido espacios en el debate público.

¿Qué hacer? Casi dos terceras partes de la edición del 'The Atlantic' están dedicadas a explorar alternativas de reconciliación. Merecen examen aparte. Por lo pronto, baste registrar los “talleres” organizados por “los mejores ángeles” (frase inspirada en Lincoln), que reúnen paritariamente a republicanos y demócratas con fines de estimular entre ellos el diálogo civilizado.

“Era el acto cortés apropiado, en vista de las alternativas” fue la respuesta de Pelosi al verse cuestionada por haber roto en pedazos el discurso de Trump. Una escritora de 'The New Yorker' reclamaba que al discurso del estado de la Unión, un “festival de la democracia”, lo hubiesen convertido en un “carnaval”. Desconoce la civilización del carnaval.

Eduardo Posada Carbó

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