De pactos y pactos

De pactos y pactos

El pacto por Colombia propuesto por el presidente Duque exige dos partes: Gobierno y oposición.

24 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

“La búsqueda de un acuerdo nacional –escribió Carlos Caballero Argáez en su más reciente columna– debería convertirse en un derrotero” del gobierno de Duque “como lo fue para Uribe la seguridad y para Santos, el fin del conflicto armado”. Por su parte, Rudolf Hommes observó que “con responsabilidad, pragmatismo y dolor de patria se pueden reunir antagonistas a trabajar juntos por su país y a generar mejores políticas y soluciones” (EL TIEMPO, 20 y 21/8/2018).

Son las opiniones de dos exministros de Estado, avalando la convocatoria presidencial sobre un gran “pacto por Colombia”. Ambos reconocen las importantes dimensiones de lo propuesto. Ambos abordan los dos interrogantes que la convocatoria presidencial ha dejado abiertos: ¿con quién y sobre qué pactar?

Tanto Caballero Argáez como Hommes son claros en señalar la necesidad de incluir los partidos de oposición. “Hasta la más recalcitrante”, dice Caballero. “Sería suficiente” que solo Gobierno y oposición pacten, dice Hommes. A un pacto así formado se sumarían pronto otras fuerzas.

No tiene sentido en una democracia representativa buscar un acuerdo nacional por fuera de los partidos políticos. Vagas referencias a la sociedad civil mal pueden reemplazar los partidos. Y si entre ellos no se logra incluir la oposición, habrá quizás “acuerdo”, pero ni será “nacional” ni tendrá mayor repercusión. Más aún, si se le da prioridad a pactar con el sector privado, se deja la impresión de que la propuesta busca beneficiar a los privilegiados.

Estamos hoy frente a una coyuntura crítica. Momentos extraordinarios que pueden condicionar cambios extraordinarios en la trayectoria de
una nación.

Hay que insistir en lo que debe ser de Perogrullo: el pacto por Colombia propuesto por el presidente Duque exige dos partes: Gobierno y oposición. Es lo mínimo para su concepción. Sobre todo si se tiene en cuenta la premisa que parece inspirar la convocatoria presidencial: la urgencia de superar la polarización que nos mantiene paralizados como sociedad.

Caballero y Hommes plantean sugerencias que encuentro bastante útiles. Caballero se refiere al proceso de “transición hacia la paz” que estamos viviendo los colombianos. Es una noción relevante que se ajusta al ejemplo ofrecido por Hommes para ilustrar cómo los españoles lograron transitar con buen éxito a la democracia, de la mano de los pactos de la Moncloa.

Podría pensarse en otros ejemplos. Como la “democracia de los acuerdos” que animó la transición chilena, fundamento de los enormes logros de Chile desde el fin del régimen de Pinochet, con estabilidad y desarrollo.

Caballero y Hommes coinciden también en sugerir un pacto de amplio contenido. La razón para pensar en uno de contenido limitado es, ante todo, pragmática: cuanta mayor amplitud, mayor dificultad de llegar a consensos.

No obstante, los argumentos en favor de una mayor amplitud temática, aducidos por los exministros, son persuasivos e invitan a reconsideraciones. Aquí no estamos saliendo de las dictaduras sufridas por españoles y chilenos. Pero hemos dado pasos firmes para superar décadas de un conflicto que, además de segar miles de vidas, nos ha mantenido anclados en el pasado y, hasta hace poco, como parias en la comunidad internacional.

Estaríamos hoy frente a lo que los científicos sociales llaman una “coyuntura crítica”, momentos extraordinarios que pueden condicionar cambios extraordinarios en la trayectoria de una nación. Desaprovechar estas circunstancias sería imperdonable, por los costos presentes inimaginables y por negar las posibilidades de un futuro con porvenir.

Gobierno y oposición tienen la responsabilidad de entender lo que nos ofrece esta coyuntura crítica. Hacen falta quizás más voces como las de los exministros Caballero y Hommes para que predomine la sensatez.

EDUARDO POSADA CARBÓ

Columnistas

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