Ciudades de 15 minutos

Ciudades de 15 minutos

No se trata de segregar ni de confinar a la gente en su barrio. Es una tentadora invitación a soñar.

03 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

¿Cambiará la pandemia nuestras formas de vivir?

Cuando apenas el coronavirus le comenzaba a dar la vuelta al mundo, a fines de enero de este año, la alcaldesa de París, en campaña reelectoral, lanzó su propuesta de convertir la ciudad en un sitio donde todas las necesidades estuviesen al alcance de 15 minutos, a pie o en bicicleta.

Seis meses después, tras este experimento sin precedentes que ha sido el confinamiento global, la idea de la ‘ciudad de 15 minutos’ está de moda. Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, fue reelegida. Su programa ‘París respira’ ha expandido de manera notable las ciclovías, avenidas se han convertido en zonas peatonales; todos, pasos firmes hacia una “transformación ecológica”. La prensa internacional ha volcado atención a sus planes, inspirados por un colombofrancés, Carlos Moreno, Profesor en la Sorbona.

El concepto quizás no sea novedoso, pero el nombre mismo cautiva y proyecta bien la imagen de la ciudad re-imaginada. Parece de relevancia particular en las grandes metrópolis, donde la gente debe cruzar enormes distancias, sobre todo para trabajar. “Vivir diferente significa transformar nuestra relación con el tiempo”, expresó Moreno en una entrevista con The Guardian (7/2/2020).

El nombre mismo cautiva y proyecta bien la imagen de la ciudad reimaginada. Parece de relevancia particular en las grandes metrópolis, donde la gente debe cruzar enormes distancias.

Tiempo es, claro está, lo que la gente gasta al desplazarse en las grandes ciudades, ya sea para ir al trabajo, de compras, al médico, a clases en colegios y universidades. Y nuestra relación con el tiempo, de una forma u otra, se ha visto afectada durante largos meses de encierro.

¿Es el experimento parisino exportable y deseable?

Justin Davidson, en la revista de The New York Times (17/7/2020), reconoce las virtudes de la “ciudad de 15 minutos”, pero advierte sobre sus posibles consecuencias en sitios tan segregados como Nueva York –es decir que la idea de una “colección de barrios autosuficientes” solo sirva para consolidar desigualdades e impedir los niveles de sociabilidad que se esperan en el espacio público–.

Otros, como Natalie Whittle, en el Financial Times (16/7/2020), cuestionan la “filosofía” de restringir la vida al apego local, sin ignorar su aspecto romántico. ¿No son acaso las ciudades sitios liberadores, a cuyo atractivo se suman las mayores posibilidades de bienestar y movilidad social? Y hay razones prácticas que no facilitan la idea de los 15 minutos: a menudo es simplemente imposible, por razones económicas, vivir cerca del lugar de trabajo.

Ninguna de estas razones, sin embargo, contradice la propuesta de reimaginar las ciudades en términos más amables, como los sugeridos por Moreno y la alcaldesa de París.

No se trata de segregar. Ni mucho menos de confinar a la gente en su barrio. La han planteado, además, en un momento oportuno, cuando la experiencia de la pandemia ha motivado a repensar nuestras relaciones con el quehacer cotidiano y está provocando profundos cambios en la economía que, más pronto que tarde, forzarán drásticos reajustes en la sociedad.

¿Exportable? Ninguna ciudad es como otra, y París tiene ventajas históricas y naturales para hacer realidad las ideas de Hidalgo y Moreno. Otras ciudades han introducido ya planes similares, de “20 minutos” –Melbourne, en Australia, o Copenhague, en Dinamarca–.

La discusión parece girar alrededor de los dilemas de las metrópolis. Tiene bastante sentido, pues la calidad general de vida en muchas grandes ciudades solo sufre deterioros, y con frecuencia deterioros infernales. Pero existen ya montones de ciudades de 15 minutos, ciudades de tamaño medio, que deberían aprovechar el momento, apropiarse del concepto y estimular nuevas y más amables formas de vivir.

La “ciudad de 15 minutos” es una tentadora invitación a soñar.

Eduardo Posada Carbó

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