Apagón de un régimen

Apagón de un régimen

La raíz del problema se encuentra en el modelo estatal concebido por Chávez.

14 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

"¿Alguna vez habíamos vivido un apagón tan largo en Caracas?”, se preguntaba Valentina Oropeza en una crónica conmovedora sobre las horas de oscuridad sufridas por los venezolanos desde el jueves pasado (prodavinci.com). Fue más largo en el resto del país. “Un plan montado desde Estados Unidos”, dice Diosdado Cabello, voz del régimen.

Es la cantaleta que sirve de excusa: la culpa es de los gringos. Las evidencias, sin embargo, apuntan en otra dirección. Como observó el reportero de The Guardian, la explicación de los ingenieros es “más prosaica”: el apagón fue resultado del desgobierno –falta de inversión y haber puesto el sector eléctrico en “manos de soldados en vez de técnicos calificados”–.

No es la primera vez que el servicio de luz se viene abajo. Antes del apagón, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, había advertido que “prácticamente el 50 por ciento de capacidad de generación (ELÉCTRICA) que tiene Venezuela está paralizada (...) y mucha gente recibe luz y energía pocas horas al día” (EL TIEMPO, 4/3/2019).

Cualquier régimen que apaga las libertades, económicas y políticas, está engendrando su propio apagón, no sin antes producir una tragedia social de enormes dimensiones.

Ni es el único servicio público en problemas. Chávez se cuidaba de que los caraqueños no vivieran lo que sufrían las provincias. Esta vez, el apagón fue general. Tan prolongado como imposible imaginarlo desde la distancia.

No se trata además de un evento aislado. El apagón venezolano es un reflejo más de la crisis venezolana.

Según Ricardo Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard, el “colapso económico” de Venezuela es de proporciones inéditas en la historia reciente. Importa repasar algunos datos para apreciar bien las extraordinarias dimensiones de la crisis. Hausmann lo ilustra con cifras comparativas. Considérese, por ejemplo, la caída del producto interno bruto en Venezuela durante los últimos años, cercana al 50 por ciento. “Esto es el doble de lo ocurrido durante la Gran Depresión en Estados Unidos. El doble del tamaño de la crisis en Grecia. El doble del tamaño del colapso económico durante la Guerra Civil española” (The Harvard Gazette, 12/2/2019).

Pocos datos más dramáticos que el observado por el presidente del BID: “El 94 por ciento de los venezolanos están en la pobreza”. Lo dicen las encuestas de hogares, donde el 56 por ciento “no tiene capacidad de comprar alimentos”. La desnutrición es alarmante. Habría que inventar otra palabra para la ‘hiperinflación’ en Venezuela: la tasa de diez millones, estimada por el Fondo Monetario Internacional para fines de año, no cabe en la cabeza. Más de cinco millones de venezolanos habrían dejado su país en busca de mejores horizontes.

El origen de todo se encuentra en la naturaleza del régimen, cuyo diseño fue anterior al gobierno de Maduro.

Para Hausmann, la razón básica de la catástrofe se encuentra en la falta de respeto a los derechos económicos. Las expropiaciones masivas adelantadas por Chávez se extendieron a todos los sectores de la economía. No debe, pues, sorprender que el aparato productivo haya dejado de funcionar. A ello se suma la escasez de divisas, que ha mermado seriamente la capacidad de importar, resultado del colapso petrolero. Todo agravado por altos niveles de endeudamiento externo, que han sacado a Venezuela del mercado financiero internacional (ver entrevista en The Harvard Gazette, 12/2/2019).

Incompetencia, sí, claro. Y políticas desastrosas también. Pero importa entender que la raíz del problema se encuentra en el modelo estatal concebido por Chávez. Cualquier régimen que apaga las libertades, económicas y políticas, está engendrando su propio apagón, no sin antes producir una tragedia social de enormes dimensiones.

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