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Terremoto del Eje Cafetero

Terremoto del Eje Cafetero

La lección de aquella tarde fue forjar una cultura de gestión del riesgo basada en educación.

23 de enero 2019 , 07:29 p. m.

A la 1:19 de la tarde, la tierra se sacudió. Ocurrió en el corazón de Colombia: el Eje Cafetero. El sismo, con magnitud de 6,2, tuvo como epicentro el municipio de Córdoba, a 11 kilómetros de Armenia. Los extensos y simbólicos cafetales, las casas de balcones, las montañas, todo fue estremecido.

Según el Dane, ese 25 de enero de 1999, 1.110 personas murieron, 7.000 quedaron heridas y 596 fueron reportadas como desaparecidas. Los barrios más afectados fueron La Brasilia, con destrucción del 95 % y Santander, con una del 70 %. Las sedes de importantes entidades colapsaron: la estación de bomberos, la Asamblea Departamental y la estación de policía.

Vino la ardua tarea de atención.

La primera fase, enfocada en la urgencia, tomó cerca de un mes. Después, el complejo proceso de reconstrucción, que tomó 4 años. Han pasado 20, y aún está el vacío de familiares, amigos, vecinos. Es una fecha para revisar si aún, no obstante todos los esfuerzos de dos décadas, se ha entendido la dimensión del riesgo en nuestros territorios, en especial ante una amenaza sísmica.

El ‘Estudio general de amenaza sísmica de Colombia’, realizado por la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica, dice que un 87 % de los municipios se encuentran en zonas de amenaza alta o intermedia. Y lo más revelador: un 84 % de la población está en esas zonas.

Y el panorama se complica por la condición de vulnerabilidad del entorno construido. Para el caso de edificaciones, la vulnerabilidad se atribuye a dos factores, principalmente. Las construcciones antes de la entrada en vigor de la primera normativa de sismorresistencia (CCSR-84, de 1984). Y las construcciones informales, tan difíciles de controlar y mitigar.

Si bien no existe un inventario de lo construido en esa condición de vulnerabilidad en el país, se puede tomar como referencia Bogotá. El Idiger estima que un 50 % de las edificaciones residenciales fueron construidas antes de 1984.

El riesgo sísmico en Colombia está determinado no solo por su alto índice de ocurrencia, sino por la magnitud de destrucción en las estructuras sin la sismorresistencia adecuada. Y las cifras nos dicen que este tipo de eventos han dejado uno de los más altos índices de mortalidad: el 88 % de fallecidos en el mundo a causa de un desastre se asocia a fenómenos de origen geológico, entre estos los sismos. (Cifras de UNISDR, 2015).

El balance de emergencias, con corte al 2017, de la UNGRD indica que en Colombia, la ocurrencia de eventos de origen geológico (sismos, tsunamis y erupciones volcánicas) tiene una representatividad del 11 %.

Queremos emprender una nueva hoja de ruta en la reducción del riesgo de desastres para no repetir la historia. Y qué mejor que en el Quindío y en la región del Eje Cafetero. Para esto se iniciará una Estrategia Nacional de Reducción del Riesgo Sísmico con la implementación de tres modelos.

El primero, una estrategia nacional de trabajo comunitario en gestión del riesgo de desastres. Se busca promover los procesos de fortalecimiento comunitario, mejorar la percepción del riesgo y la corresponsabilidad de las comunidades.

La segunda apuesta es la Estrategia Nacional para la Resiliencia, para empoderar a las entidades territoriales y sus comunidades: el proceso social de la gestión del riesgo de desastres.

Y, tercero: la Estrategia Regional de Ayuda Mutua, entre el Eje Cafetero y Antioquia, regiones con escenarios de riesgo comunes, incluida en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022. Como el padrinazgo regional en 1999, tras el mortal terremoto.

Estas y todas las lecciones de aquella tarde, 1:19 p. m., son forjar una cultura de gestión del riesgo basada en educación y apropiación comunitaria, que son la base del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. Seguimos trabajando.

* Director de la UNGRD

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