‘Kind of Blue’ y el cacerolazo

‘Kind of Blue’ y el cacerolazo

Kind of Blue no tiene que ver con el orgullo. Es música despojada de ego, como todo arte auténtico.

02 de diciembre 2019 , 08:07 p.m.

2019 celebró el sexagésimo aniversario del que es para la crítica el mejor disco de jazz de la historia, una producción de Miles Davis con el apoyo de un grupo de amigos que figuran entre las eminencias de la música moderna: Kind of Blue hace pensar en las heridas enconadas y en la nobleza de las rebeliones justas. Los negros en USA, expatriados del África natal a los algodonales norteamericanos, aprendieron los cantos de los templos bautistas obligados por las autoridades. Y después, por alguna razón creativa, amalgamaron los himnos religiosos con las canciones de trabajo y con las de las recochas ecolálicas del descanso en los bebederos de whisky artesanal, para crear un sonido de una belleza salvaje y refinada a la vez. Kind of Blue para algunos es la culminación de esa experiencia de fusiones. Lo que es decir mucho en un modo de hacer que también practicaron Duke Ellington y Thelonius Monk, por poner solo dos ejemplos de excelencia irrefutable.

Los artistas románticos hierven como las champañas y apelan al desenfreno contra los defectos de la vida; otros aspiran a redimir la fealdad del mundo por la contención clásica, sin efusiones tramposas ni excesos retóricos. A veces, lo mejor en Kind of Blue son los silencios. O esas demoras en una nota de los saxos alargándose, transfigurando la Creación en una especie de espera triste. Mientras Evans hace fluir el correlato con discreción impresionista, atrasándose o adelantando en su piano magistral una variación sorprendente al cabo de una serie de pulsos del bajo que cumplen la función de la estructura. Los negros norteamericanos inventaron un orden sonoro nuevo. Y convirtieron la apariencia de caos de la improvisación en una gloriosa manifestación del genio de la humanidad.

Parece imposible algo más digno de recuerdo en la música de estos tiempos hermosos y trágicos que nos tocaron que esos instrumentistas casi siempre negros que al comenzar el siglo XX debían entrar por la puerta falsa de los hoteles de lujo donde se ganaban la vida, para colonizar al fin el alma de su nación con sus clamores.
Ejemplares de la fuerza transformadora del arte. Kind of Blue es manifiesto. Y una meditación sobre las historias de los legendarios Coltrane y Aderley, de Chambers el bajista, Cobb el baterista; Evans, aunque era blanco, y Davis, el hijo de un dentista acomodado que en ocasiones daba la espalda a su público WASP en protesta contra la discriminación racial. Es un reclamo por el porvenir de la Norteamérica democrática de Whitman y Ginsberg que aún esperamos. Kind of Blue no tiene que ver con el orgullo. Es música despojada de ego, como todo arte auténtico. Davis fue tan humilde que se desprendió solo de los falsos consuelos de la heroína sin recurrir a las curas de desintoxicación tradicionales. Todo un hombre. Un inmenso poeta.

El porro a veces se interpreta en las sabanas Bolívar y Córdoba con instrumentos desafinados, abollados, remendados con tiras de esparadrapo. No es casual. Al parecer se desarrolló a partir de las danzas de burlas que hacían los esclavos para mofarse de los saraos de los amos. Asimismo tiene algo de música disfrazada, caricaturesca, el jazz fundacional de Nueva Orleans, verbigracia el de Sidney Bechet, que usa idéntica organología. Pero Kind of Blue en la evolución del jazz refina el grotesco. Para probar la música de las esferas, lejos ya de las haciendas de los trabajos forzados y los lupanares pobres donde reinó un piano indócil que sin embargo tuvo el honor de fundar el folclor urbano de Estados Unidos, gran aporte de la civilización norteamericana a la cultura. La trompeta de Davis, a veces asordinada, atempera en Kind of Blue la vanagloria de un instrumento hecho para adornar victorias y acompañar funerales. Y parece una propuesta razonable en la crispación de la estridente Colombia de hoy. Vale la pena gastarle la hora que dura. Después, los lectores pueden volver a las cacofónicas cacerolas si así lo prefieren de todos modos.

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