#OjoConEl22

Teorías conspirativas y sus seguidores son una apetitosa carnada para los políticos irresponsables.

19 de octubre 2020 , 02:52 a. m.

Michelle Obama es un transexual. Hillary Clinton es la líder de una red al más alto nivel de pedófilos. El coronavirus es un invento de esa misma élite pedófila, cuyo único propósito es derrotar a Donald Trump y entregarle el poder al castro-chavismo. El hijo de John F. Kennedy fingió su muerte y está vivo; maneja los hilos del poder con Trump. El cambio climático es un invento de un Estado profundo cuyos días están contados. ¿No creen nada de esto? Investiguen. No crean en los medios.

Por algún motivo, bien sea por un nivel precario de educación, un bajo coeficiente intelectual, una infancia problemática y compleja, traumas, problemas mentales, soledad, sentimiento de abandono o necesidad de pertenencia, hay millones de personas que creen en estas y otras teorías de la conspiración que cada vez cobran más fuerza. Tanto así que la revista ‘The Atlantic’ señala que estamos ante el nacimiento de una nueva religión fundamentada en atroces mentiras que incitan a la violencia.

El baluarte de este movimiento reposa, por el momento, en Estados Unidos, bajo la sombrilla de una organización llamada QAnon, encabezada por alguien que se denomina Q. Esta nació en 2017 en las entrañas de la red oscura 4chan y rápidamente migró a redes. Hoy es una de las mayores amenazas para la democracia estadounidense y pronto la mundial. Podríamos pensar que QAnon es un tema de unos cuantos lunáticos. Lo era. Ya no. Sus tentáculos ya penetraron en figuras relevantes de la sociedad e inclusive cuenta con el apoyo de decenas de políticos estadounidenses, empezando, ni mas ni menos, que por el del presidente Trump. “Me gusta que luchen duramente contra la pedofilia”, dijo recientemente.

Pero es tal el peligro de QAnon y su secta que hasta Facebook, Twitter y YouTube, notables por su irresponsable laxitud en el control de contenido violento y falaz en sus plataformas, han eliminado miles de cuentas del grupo en las últimas semanas.

En Colombia casi no sabemos del movimiento. Lo más preocupante es que ni nos interesa. En una búsqueda en Google apenas aparecen menciones en nuestros medios o páginas locales. Solo se destaca una importante columna escrita en EL TIEMPO por la politóloga Cristina Vélez, que se pregunta si vamos a importarlo. “En un debate digital polarizado como el colombiano, el libreto de esta teoría de conspiración alimenta las emociones e instintos de ciertos grupos y aviva el fuego del monocromático entre amigos y enemigos, derecha e izquierda, uribismo y petrismo”, escribió.

QAnon ya está en Colombia. En Twitter se destaca una cuenta con más de 800 mil seguidores. Son difíciles de rastrear, pero una vez entran en lo convencional, sus mentiras y discurso violento e irracional se propagan como la pólvora. Ya tenemos políticos en esa línea, particularmente algunos del Centro Democrático y de la Colombia Humana. Uribe, sin ir más lejos, llegó a acusar a un periodista de pedófilo. Puro manual QAnon.

¿Se podrá frenar el fenómeno en Colombia? No, pero sí comenzar a informar responsablemente al respecto, anticiparnos al hecho con múltiples campañas de pedagogía. La televisión, radio y digital, con sus alcances masivos, deben poner en la agenda nacional el tema. Las autoridades, en tanto, tienen que entablar contacto con las plataformas digitales para cerrar cuentas de QAnon en Colombia. Denunciarlas sin visibilizarlas. La inteligencia de la Policía sabe mejor que nadie cuáles son y dónde están.

La BBC informó sobre la penetración de QAnon en América Latina. El creciente número de adeptos, organizados y estructurados en digital son una apetitosa carnada para los políticos irresponsables que abundan en nuestras latitudes. Tienen la narrativa perfecta para ganar elecciones o referendos. Como dicen por ahí. #OjoConEl22.

DIEGO SANTOS
Consultor digital
diegosantos1978@gmail.com

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