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Los niños y la tecnología

Los niños y la tecnología

La educación de los niños no puede girar en torno a una tableta. Es un despropósito lo contrario.

28 de noviembre 2021 , 10:11 p. m.

No es esta una columna novedosa, ni mucho menos, ni tampoco una que vaya a revelar la respuesta certera a la pregunta que nos hacemos muchos papás: ¿cuándo debemos darles acceso a nuestros hijos a celulares y tabletas? De hecho, más allá de la restricción que les impusieron Bill Gates y Steve Jobs a sus hijos, una noticia que se comentó bastante en su época, no existe una guía clara de qué hacer en este asunto tan delicado.

Sé que la tecnología en sí ha sido una bendición para la humanidad, y seguramente sobre ella recaerá la salvación de nuestra raza, pese a que los humanos parecen empecinados en hacerse un lento y progresivo harakiri. Pero los aparatos que han florecido gracias a ella no son necesariamente buenos para los niños.

Por eso es sorprendente que, no obstante los múltiples estudios que han venido mostrando el impacto negativo de celulares y tabletas sobre los menores, los colegios les estén dando tabletas a niños de menos de 14 años para su educación.

No sé si sea asombrosa incompetencia o desconcertante ingenuidad, ¿pero creen los colegios que un menor de 14 años tiene la madurez y conciencia para saber cómo usar una tableta? ¿Será que piensan que los niños tienen el raciocinio para abstenerse de jugar en las tabletas y usarlas para leer y hacer los ejercicios que les mandan de la escuela?

En los últimos años se han publicado cada vez más informes sobre los efectos tan nocivos que tienen estos aparatos para los niños. El riesgo de depresión, suicidios y trastornos en la personalidad se ha multiplicado entre los jóvenes por la relación de estos con los dispositivos móviles. La educación actual de los niños no puede girar en torno a una tableta, ni sus tareas ni la lectura de los libros escolares. Es un despropósito lo contrario.

Muy pero muy poquitos niños son los que le sacan verdadero provecho a la tecnología. Los que aprenden a programar, los que desarrollan código que estimule sus cerebros se cuentan con los dedos. El problema no son ellos, sino aquellos cuyas cabezas, cuerpos, habilidades socioemocionales, cognitivas y físicas sí se están viendo afectados.

Varios gobiernos son cada vez más conscientes de este problema. China, hace unos meses, anunció que iba a limitar el uso de videojuegos entre los jóvenes a no más de tres horas por semana. La semana pasada, el Congreso de le República pasó a sanción presidencial el proyecto de ley que regularía el uso de dispositivos móviles en los colegios colombianos. La iniciativa fue votada por unanimidad.

Ver a unos niños aislados en una tableta, absortos como si fueran autómatas enajenados de la realidad, no es normal. Pero lo hemos normalizado. Se volvió paisaje caminar por la calle, sentarse en un restaurante o ver en un carro a los niños jugando con un celular o una tableta. Muchos papás se enorgullecen de lo hábiles que son sus hijos y sacan pecho al hablar de ello.

Pero la ignorancia de los papás no puede ser replicada por las escuelas. Los colegios deberían ser ese faro de la sociedad, y si bien es injusto depositar sobre ellos la responsabilidad completa de educar a los niños en el uso de la tecnología, su autoridad moral debería sentirse hoy más que nunca.

Los adultos que se inventaron el avión, que lograron poner al hombre en la Luna, que han logrado unos niveles de progreso increíbles fueron niños que se educaron sin tabletas. Si los niños de hoy las usaran bien, seguramente los beneficios para la humanidad hacia el futuro serían descomunales. Pero lamentablemente no es el caso.

La tecnología, muy mal usada por los jóvenes, está socavando la enorme capacidad de nuestros menores, y los colegios, si no se están dando cuenta de eso, bien harían en hacer una introspección y preguntarse si la clase de sociedad que le están delegando al futuro los hace sentirse orgullosos.

DIEGO SANTOS
Analista digital
diegosantos1978@gmail.com

(Lea todas las columnas de Diego Santos en EL TIEMPO aquí)

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