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La Gran Renuncia

La Gran Renuncia

Las compañías deberían preguntarse seriamente sobre el nivel de satisfacción de sus empleados.

14 de noviembre 2021 , 10:19 p. m.

El 12 de noviembre pasado se recordará en Estados Unidos como el día de la Gran Renuncia. Esa fecha, la Oficina de Estadísticas Laborales informó que 4,4 millones de personas renunciaron voluntariamente a sus trabajos en septiembre, la cifra más alta en la historia de ese país desde que se hacen esos conteos.

El registro superó en 100.000 renuncias el récord anterior, que se había dado en agosto.

Los 4,4 millones de renuncias constituyen el 3 % de toda la fuerza laboral estadounidense, un número para nada despreciable que, sumado a lo sucedido el mes anterior, llevó a todos los medios de comunicación a hacer un sesudo análisis de qué está sucediendo. Todos coincidieron en algo: los trabajadores se están yendo porque no se sienten bien remunerados y están cansados de sus condiciones laborales.

No obstante, Recode y BuzzFeed News, dos publicaciones digitales, fueron más allá y pusieron sobre la mesa un planteamiento que tiene tanto de interesante como inquietante. La pandemia cambió por completo las prioridades de los trabajadores.

El trabajo hoy, para muchos, ni define su identidad, y en algunos casos, ni siquiera es una prioridad.

Detrás de la Gran Renuncia lo que estamos viviendo en realidad es una ‘gran revolución’.

Sin caer en el alarmismo, las empresas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, están frente a un reto monumental: el poder retener a su talento en un mundo que dio un vuelco de 180 grados. Los trabajadores están más empoderados que nunca y el chantaje salarial cada vez es menos efectivo.

Más aún, si uno investiga en detalle lo que se cocina en los foros de internet y en las redes sociales, puede palparse el elevadísimo nivel de insatisfacción. En TikTok, por ejemplo, se ha vuelto tendencia la publicación de personas subiendo conversaciones con sus jefes, a quienes les renuncian.

Un post en el que un señor recomienda tener en su escritorio siempre lista la carta de renuncia, independientemente del trabajo, suma más de 2 millones de visitas. Algo definitivamente está pasando.

En Reddit, una plataforma de foros muy popular en Estados Unidos, el canal de ‘r/antiwork’ (antitrabajo) pasó de 200.000 seguidores a 1 millón en apenas unos meses. En ese espacio se puede conocer de primera mano lo que está inquietando a cientos de miles de personas y, en nuestro caso, el de Colombia, anticipar lo que eventualmente llegará acá. El dolor laboral no es exclusivo de un país, tiene un común denominador planetario.

“¡Ah, esos ‘millennials’!”, dirán. No, ya no es un tema ‘millennial’, la generación a la que señalábamos de inestable porque duraba poco en un trabajo. En esa prepotencia con la que solemos mirar a los menores –craso error– no quisimos percatarnos de que las placas tectónicas laborales anunciaban un gran remezón.

Ese remezón ya está aquí, y bien harían las empresas en entender esta tendencia y anticipar sus estrategias para lidiar con lo que se avecina. Por dicha razón, los departamentos de Recursos Humanos cobran más relevancia que nunca. Las compañías deberían comenzar a preguntarse de manera muy seria sobre el nivel de satisfacción/insatisfacción de sus empleados. Y hacerlo de corazón, aunque suene cliché. Las protestas que hubo en Colombia a mediados de este año reflejaban, en una muy pequeña parte, la insatisfacción sobre la que habla esta columna, pero esta crecerá porque, pese a que digan lo contrario, las empresas siguen siendo muy tradicionales en su manejo del personal.

El trabajador, en muy poco tiempo, va a tener la sartén por el mango, y esa es una realidad a la que los empresarios no están acostumbrados. Eso de que no hay trabajador irremplazable será una frase obsoleta a la vuelta de la esquina. Ojalá sepamos entender esta tendencia y construyamos un ecosistema gana-gana para todos.

DIEGO SANTOS
Analista digital
diegosantos1978@gmail.com

(Lea todas las columnas de Diego Santos en EL TIEMPO, aquí).

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