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Candidato presidencial Pu1cr0 H3r1berto 2.0

Candidato presidencial Pu1cr0 H3r1berto 2.0

Me genera más confianza un robot que un influenciador. O que un político, entrado ya en gastos.

09 de enero 2022 , 10:11 p. m.

En abril de 2018, cuando el mundo, aún con todas sus falencias y perversiones, parecía mejor y más normal que el de hoy, el distrito de Tama, en Tokio, vivió unas elecciones harto inusuales, al menos entre nosotros los occidentales.

Tres candidatos –Hiroyuki Abe, Takahashi Toshihiko y Michihito Matsuda– eran los favoritos para hacerse con la alcaldía del distrito, muy famoso por ser donde se encuentra el parque de diversiones Sanrio Puroland, es decir, el de Hello Kitty. En los meses y semanas previos a los comicios, las calles de Tama estaban repletas de carteles de hasta 10 aspirantes.

Abe obtuvo casi 35.000 votos, seguido de Toshihiko, con 4.457. Matsuda, prácticamente un desconocido, sin experiencia ni referencia pasada alguna, y algo frío, en todos los sentidos, sorprendió con 4.013 votos. ¿Y qué tiene esto de inusual? En Chile, en la primera vuelta, un señor que no pisó el país, e hizo la campaña desde Estados Unidos, quedó de tercero.

Lo inusual es que Matsuda no era como todos los otros candidatos que haya habido en el mundo. Matsuda era un robot, un robot con rasgos femeninos y casi que sacado de unas de esas películas futuristas donde las máquinas determinan nuestro destino. Su campaña se basó en que acabaría con la corrupción que tanto daño le ha hecho al distrito.

Mi gobierno, decía el robot a través de sus comunicaciones, ofrecerá “oportunidades justas y equilibradas para todos. Analizaré cada petición de los ciudadanos de Tama (150.000) y desglosaré estadísticamente los aspectos positivos y negativos que tendría su implementación”.

A su vez, el robot aseguraba que su inteligencia y cálculos le permitirían encontrar la mejor solución ante conflictos de interés de los ciudadanos, comprender los deseos de la comunidad y actuar en consecuencia. Nunca habló de decisiones perfectas, pero logró conectar con miles de personas, cosa que no hicieron los candidatos que quedaron por debajo de él.

Mucho se ha venido hablando de la creciente fuerza que está cogiendo la inteligencia artificial (IA) en el remplazo de cientos de miles de trabajos, sobre todo los que son operativos. Aunque los escépticos de la IA señalan que no son una amenaza para la fuerza laboral, desde 1990 a la fecha, 2 millones de puestos de trabajo ya han sido remplazados por máquinas, apenas en Estados Unidos.

La IA es cada vez más precisa y desarrollada. Ya hay máquinas que pueden escribir textos y redactar noticias inclusive con mejor estilo que muchos de nosotros. En el mundo del servicio al cliente, varias empresas usan máquinas para atender a los usuarios, y lo hacen de forma muy efectiva. Hay una tendencia al alza que es la de robots programadores. El espectro de dónde pueden entrar a laborar las máquinas está creciendo a pasos de gigante. Más aún, cada vez esta tecnología resulta más barata.

El candidato robot del distrito de Tama fue creado por el vicepresidente del proveedor de servicios móviles Softbank y un exempleado de Google en Japón. Desarrollaron una poderosa máquina con un sistema de inteligencia artificial pensado en tomar decisiones más justas y eliminando a cero la corrupción.

Que empiecen a salir alternativas políticas en el mundo en forma de robots es solo cuestión de tiempo. Seguramente América Latina será de los últimos sitios que incorpore una idea de estas, puesto que las estructuras políticas están muy enquistadas en la vieja forma de hacer las cosas, pero llegará más pronto que tarde.

No se sorprendan que en menos de una década aparezca en el tarjetón del movimiento Nerdos Pulcros el candidato Pu1cr0 H3r1berto 2.0, máximo en un país donde los influenciadores son hoy candidatos al Congreso de la República. Y créanme, me genera más confianza un robot que un influenciador. O que un político, entrado ya en gastos.

DIEGO SANTOS
Analista digital
diegosantos1978@gmail.com

(Lea todas las columnas de Diego Santos en EL TIEMPO aquí).

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