Aunque legal, plataformas cometieron gravísimo error

Aunque legal, plataformas cometieron gravísimo error

Las redes sociales tienen hoy el poder de decidir qué es apto para publicar y qué no.

11 de enero 2021 , 12:52 a. m.

Twitter suspendió de manera permanente al presidente de los Estados Unidos de su plataforma el pasado viernes. Como si se tratara de uno de los distópicos capítulos de la serie ‘Black Mirror’, su CEO, Jack Dorsey, desde la Polinesia Francesa, ordenó borrar de un plumazo la cuenta de Donald Trump, con 88 millones de seguidores.

¿La razón? Haber instigado a la violencia en el Capitolio a través de unos trinos. La red social ya venía advirtiéndole sobre violaciones de las reglas de uso e incluso estaba etiquetando varios de sus contenidos como falsos. De hecho, lo amenazó con una suspensión si no borraba un par de trinos.

Un video en el que Trump les dijo a las personas que irrumpieron en el Congreso que eran muy especiales y los amaba, así como dos trinos desafiantes dos días después, fueron la gota que colmó el vaso. Twitter consideró que la permanencia del mandatario podía ser un riesgo para la seguridad del país y procedió con la sanción.

La decisión, por supuesto, generó un terremoto mediático; causó furia e indignación entre millones de personas y alegría y regocijo entre otros tantos.

El hijo de Trump, Donald Trump Jr., uno de sus más feroces defensores, publicó un extenso video en el que dijo que se atacó la libertad de expresión y agregó que las grandes redes sociales son ahora quienes determinan la información a la que podemos tener acceso. “La libertad de expresión ya no existe en EE. UU.”, señaló.

En la misma línea se manifestaron otras personas, quienes dijeron que Twitter, así como otras redes sociales que estaban censurando a Trump, infringían la primera enmienda de la Constitución, que prohíbe al Gobierno imponer ley alguna que censure la libertad de expresión.

Ni Twitter, ni Facebook ni Google incumplieron la ley. Como bien lo indica la enmienda, es el Gobierno quien tiene esa imposición, no las compañías privadas. Las redes son empresas privadas, por lo cual en sus casas, sus reglas. Y las reglas las disponen ellas. Cuando cada uno de nosotros aceptó los términos y condiciones, quedamos abocados a los caprichos de estas, que no son pocos y además sumamente arbitrarios.

Zanjada esta discusión, sobre la legalidad o no, el tema no deja de ser preocupante. Las redes, y se viene diciendo desde hace tiempo, se han convertido en poderosísimas y dictatoriales instituciones sin control.

Ejecutivos desconectados de la realidad, como ciertamente lo son Jack Dorsey y Mark Zuckerberg, por mencionar a los más visibles, tienen hoy el poder de decidir qué es apto para publicar y qué no. Y no hay regulación ni ley que se los impida. Su poder es incalculable.

Hoy muchos celebran el silenciamiento de Trump, pero mañana pueden ser ellos los silenciados. Que Trump es un peligro, no cabe la menor duda, pero las redes permitieron la publicación de su contenido durante estos últimos cuatro años sin rubor alguno. De hecho, Twitter fue el gran beneficiado de su errático y desquiciado comportamiento.

Es cierto que cada red social es dueña de su espacio, pero durante mucho tiempo cada cual ha permitido la violación de sus reglas no solo por parte de Trump, sino también de líderes políticos y de opinión en todo el mundo. Sin ir más lejos, el lenguaje pirómano e irresponsable de Álvaro Uribe y de Gustavo Petro ha infringido en más de una ocasión esas reglas.

La arbitraria decisión de Twitter es muy torpe, llega en mal momento y les inyecta una nueva fuerza a Trump y a su séquito. Si las ideas de la extrema derecha no tienen cabida en redes, las de la izquierda extrema tampoco deberían. Pero eso es algo que no deberían decidir Dorsey y Zuckerberg.

Las redes sociales deben ser reguladas cuanto antes y deben resultar en unas claras reglas de juego donde toda opinión respetuosa tenga cabida, nos guste o no.

DIEGO SANTOS
Analista digital
diegosantos1978@gmail.com

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