El metro de Bogotá reactiva a Colombia

El metro de Bogotá reactiva a Colombia

Su construcción impulsará una transformación inminente para superar los efectos de la pandemia.

25 de octubre 2020 , 11:37 p. m.

El metro para mí, como para millones de bogotanos, es un anhelo de toda la vida. En mi trayectoria pública he trabajado por esta y otras soluciones que nos dan movilidad sostenible. Haber asistido a la firma del acta de inicio de esta obra me motiva a que juntos reflexionemos sobre el impacto de esta primera línea.

Cuando la ciudad estrenaba la ciclovía, en 1974, ya el metro era un anhelo de larga trayectoria de los colombianos. Tres décadas atrás, en 1942, se propuso por primera vez dotar a Bogotá de una solución de movilidad y eje de desarrollo urbano. Vimos pasar 50 alcaldes para que ese gran anhelo se concretara. Gracias a la cofinanciación y el compromiso del Gobierno Nacional, y al trabajo del exalcalde Enrique Peñalosa, en 2019 se adjudicó el contrato, superando obstáculos como demandas, cambios de diseños y afanes de protagonismo político.

Su construcción y puesta en funcionamiento impulsarán una transformación inminente en un momento en el que necesitamos superar los efectos de una pandemia que golpea nuestras vidas y nuestra economía. Por eso, el metro de Bogotá es la iniciativa central y la inversión más grande del Compromiso por Colombia, la hoja de ruta para la reactivación económica que puso en marcha el presidente Iván Duque con el fin de generar más de un millón de empleos para los colombianos en los próximos dos años.

Gracias a la cofinanciación y compromiso del Gobierno, y al trabajo del exalcalde Peñalosa, en 2019 se adjudicó el contrato, superando obstáculos como demandas, cambios de diseños...

Esta obra, incluidas las troncales de TransMilenio por la avenida 68 y la Ciudad de Cali, permitirá generar 27.000 puestos de trabajo durante el proceso constructivo, tres mil de estos de hoy a 2022, gracias a una inversión de 23,69 billones de pesos, de los cuales la Nación aporta el 70 % ($ 16,06 billones) y el Distrito, el 30 % restante.

Así mismo, reactivará los encadenamientos productivos y los procesos de renovación urbana, pues comprende comercios, emprendimientos y la intervención de casi un millón y medio de metros cuadrados de espacio público, entre andenes, separadores, plazoletas, ciclorrutas y vías.

Es una obra que enruta a la capital hacia una movilidad más limpia y amigable con el medio ambiente, no solo porque el sistema será con trenes eléctricos sino porque en su diseño se contemplan intervenciones paisajísticas con techos verdes, vivos y jardines verticales. También, porque promueve el desarrollo inmobiliario con crecimiento en altura, lo que se traduce en una ciudad más compacta y sostenible. Todo esto ayudará, según estimaciones iniciales, a que Bogotá reduzca sus emisiones de CO2, por desplazamientos, en 60.884 toneladas al año, es decir, cerca de 1’826.500 toneladas de CO2 menos en los primeros 30 años de operación.

Servirá, además, para dar un paso definitivo hacia la integración de los diferentes sistemas de transporte de la ciudad, como ciclorrutas, TransMilenio, SITP y el Regiotram de Occidente. Cada habitante de la capital tendrá a menos de un kilómetro de su casa una estación de metro o TransMilenio, lo que desestimulará el uso del carro particular, reducirá los índices de accidentalidad vial y, con toda certeza, reactivará la productividad y calidad de vida de quienes vivimos en Bogotá, pues al tener mejor movilidad tendremos también más tiempo para pasar en familia, con los amigos, para el esparcimiento, la recreación y el estudio.

Con su construcción y entrada en operación en 2028, se reactivará y transformará la economía de Bogotá hacia un modelo circular e innovador en el que se vincule a las micro, pequeñas y medianas empresas, se transfiera conocimiento para ingenieros, técnicos y tecnólogos y se garantice el manejo integral de escombros y demás residuos.

En definitiva, esta megaobra llega con múltiples retos y beneficios porque reactivará la cultura ciudadana y el amor por Bogotá, se instalará en nuestro ADN y, si hacemos bien la tarea desde ya, servirá como símbolo de orgullo y motor permanente de esperanza y progreso para todos los colombianos.

DIEGO MOLANO APONTE
Director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República

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