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Rincones de Bogotá

Rincones de Bogotá

Al apropiarnos de nuestra ciudad y valorar su patrimonio, los bogotanos nos identificaríamos más.

08 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Aprendí a querer a Bogotá de la mano de mi hermano Gabriel, de su visión urbanista y humana, de su profundo amor por la ciudad. Aprendí a explorar, observar y valorar la urbe caótica y casi siempre gris que es nuestra capital, pero que junto a él parecía estar siempre soleada, gracias a la pasión y el entusiasmo con que hablaba de ella. Estaba convencido de que nuestra ciudad es más de lo que aparenta ser y que está llena de rincones inexplorados que basta con reconocer y apreciar.

Es cierto que cuando hablamos de patrimonio cultural, pensamos generalmente en los edificios o monumentos emblemáticos que adornan las ciudades. Pero la identidad de un pueblo, de una ciudad o un país está también vinculada a su patrimonio intangible: a las personas y sus costumbres, que se transmiten de generación en generación y le dan sentido a una comunidad.

El arquitecto Gabriel Pardo García-Peña, fallecido hace un año, sabía esto mejor que nadie. Fue él quien desde la Corporación de La Candelaria y más tarde como director del Instituto Distrital del Patrimonio Cultural de Bogotá (IDPC) promovió la gastronomía, las plazas de mercado y las tiendas de barrio, la música, los oficios, el arte callejero y la tradición oral, como expresiones vivas que nos definen e identifican como bogotanos.

Reconoció la importancia de la preservación del patrimonio como componente fundamental del desarrollo urbano, y los proyectos de recuperación del espacio público que impulsó, más allá del objetivo de preservación que tenían, buscaban impactar positivamente en la calidad de vida de los habitantes. Gabriel pensaba que al apropiarnos de nuestra ciudad y valorar su patrimonio, los bogotanos nos identificaríamos más, la cuidaríamos y nos sentiríamos más orgullosos de ella.

Apreciaba la pluralidad y amalgama cultural que existen gracias a la presencia de personas de otras regiones que llegan a la capital del país, con sus propias costumbres y saberes que se mezclan con los propios, enriqueciendo la vida cultural de la ciudad. Porque el patrimonio inmaterial no es estático, se nutre de las culturas externas que llegan y se arraigan.

Hoy hay un nuevo rincón en Bogotá: el IDPC le acaba de hacer un reconocimiento a su dedicación y legado al patrimonio de la ciudad, nombrando una casa en la localidad de La Candelaria con su nombre. La Casa Gabriel Pardo García-Peña, desde donde se siguen impulsando las expresiones vivas que nos identifican como bogotanos.

DIANA PARDO
@Diana_pardo

(Lea todas las columnas de Diana Pardo en EL TIEMPO, aquí)

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