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La imagen de la ausencia

La imagen de la ausencia

Nada más triste que ver un par de zapatos de la persona fallecida. Es la representación del vacío.

10 de marzo 2021 , 09:25 p. m.

El mundo ha vivido un año de muchas pérdidas de vidas humanas. Hijos que han quedado huérfanos de padre y madre, abuelos que no pudieron volver a abrazar a sus nietos; más de dos y medio millones de personas que han fallecido como consecuencia del coronavirus. A esta cifra le sumamos a quienes, aquejados por otro mal, han dejado de ir al hospital por miedo, vaya ironía, a contagiarse del virus, y han terminado muriendo.

Ha sido un año en que hemos tenido que enfrentarnos de manera distinta al duelo. Nos ha tocado prescindir de los abrazos de condolencia, de la compañía de los amigos y de los rituales que usualmente hacemos para despedir a un ser querido y celebrar su vida. Iglesias vacías y misas a través de Zoom en las que no se oye ni se ven las lágrimas. He asistido a un par de esas misas a través de una pantalla, en las que la gente no apaga los micrófonos y deja oír conversaciones mundanas como qué ingrediente falta para la comida de esa noche, mientras el cura eleva una oración por el alma difunta.

En todas las latitudes, muchas familias han tenido que cerrar las casas de sus hermanos, padres o abuelos. Desocuparlas y en muchos casos cerrar la puerta para siempre. Desbaratar bibliotecas, botar viejas fotografías de ancestros que ya pocos reconocen, repartir o donar muebles y enseres. Yo pasé por eso con la casa de mis padres a finales de 2019, y unos meses después, en plena pandemia, con la de mi hermano. Fueron días duros en los que viajamos al pasado y tuvimos que desprendernos de muchos objetos que habían sido parte de la vida de la familia. Objetos que para nadie tienen valor hoy en día, pero que significaron para nosotros momentos fundamentales cuando estábamos creciendo. Tocó salir de ellos, de los libros de la extensa biblioteca que mis padres nutrieron durante cincuenta y nueve años que estuvieron juntos.

Pero nada más triste que la imagen de un par de zapatos de la persona fallecida. Si hubiera alguna forma de describir el dolor a través de una imagen, bastaría ver esos zapatos ordenados en el clóset o a la entrada de la casa esperando a ser usados. Es la representación del vacío, la pérdida y el alma desgarrada. Es ver el andar de la persona que ya nunca los volverá a calzar, la joroba de la espalda, su olor a limpio como si se acabara de bañar, su sonrisa eterna sin mostrar los dientes. Es pensar en los pasos que dejará de recorrer, en los abrazos que ya no dará, en los sueños que quedaron truncados por una muerte que aún no se esperaba. Es la vida que ya no fue.

Nada más triste que esa imagen.

Diana Pardo

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