Ser imprudente no debería tener como castigo la pena de muerte

Ser imprudente no debería tener como castigo la pena de muerte

A velocidad moderada las imprudencias y los errores en la calle no serían fatales.

20 de mayo 2020 , 06:27 p.m.

El establecimiento de límite de velocidad en toda la ciudad a 50 km/h y la activación de los dispositivos de detección electrónica de infracciones, bautizados ‘cámaras salvavidas’ en Bogotá, son dos decisiones valientes de la administración distrital de Claudia López, pero causan polémica en algunos sectores de automovilistas y motociclistas.

Una pequeña consulta en Twitter (sesgada, naturalmente, por quienes siguen mi cuenta y por autoselección de quienes responden) muestra que menos de un tercio está en desacuerdo con las medidas (las consideran inútiles).

Quienes están en desacuerdo llaman la atención sobre algunos puntos, y tienen parcialmente razón. Tal vez es necesaria mayor divulgación sobre las motivaciones y los efectos de estas dos medidas.

Algunas personas reclaman que la aplicación de comparendos con dispositivos electrónicos sería ilegal, dado un fallo de la Corte Constitucional del 6 de febrero pasado. El fallo indica que los dueños de los carros no son solidarios con los conductores, es decir, “si una persona presta su vehículo a un amigo, y ese amigo supera los límites de velocidad permitidos y es detectado por una cámara cometiendo esa infracción, el dueño del vehículo ya no tendrá que responder por esos hechos”. Esto no implica que las cámaras, con apoyo de la autoridad de policía, no puedan expedir comparendos. De todas formas hay un debido proceso, como lo indica el secretario de Movilidad de Bogotá, Nicolás Estupiñán.

A otras personas les parece absurda la lógica de reducir la velocidad para bajar la siniestralidad. Indican que a 10 km/h no habría muertes y si no hay carros, tampoco. Aunque la afirmación la hacen en sentido sarcástico, tienen toda la razón. A 10 km/h la probabilidad de que una persona muera como consecuencia de un atropello es menor a 5 %.

Ahora bien, no se trata de bajar tanto la velocidad máxima. La Organización Mundial de la Salud recomienda el valor adoptado por la ciudad de Bogotá de 50 km/h como velocidad máxima en entornos urbanos donde existan intersecciones a nivel e interacciones con usuarios vulnerables: peatones, ciclistas y motociclistas. Ese límite de 50 km/h ha sido adoptado por la mayoría de los países de la Ocde, porque han reconocido dos principios básicos de la movilidad segura: los humanos somos frágiles (no resistimos mucho impacto) y somos falibles (cometemos errores). Es cierto que fuera de entornos urbanos hay vías de mayor velocidad, y que incluso en Alemania no hay límite máximo para automóviles en autopistas. Pero son autopistas, con total control de acceso, sin interacciones. No tenemos esas mismas condiciones en nuestras vías.

Según el ‘Reporte del estado de la seguridad vial 2018, de la Organización Mundial de la Salud, 95 de 197 países tienen límites de velocidad urbana iguales o menores a 50 km/h, incluyendo todos los países de Europa Occidental. En América Latina, se destacan México, Uruguay, Paraguay y Bolivia (que también permiten velocidades mayores en vías interurbanas).

Existe también la preocupación de ralentizar el tráfico, aumentando el trancón y las emisiones contaminantes de los vehículos automotores. Bogotá tiene un bajo promedio de velocidad durante el día. Entre 7 a. m. y 6 p. m., la velocidad del tráfico está entre 22 y 25 km/h. Ese promedio aumenta en la noche y la madrugada (hasta 52 km/h a las 3 a. m.). El límite de velocidad de 50 km/h no cambia el promedio durante el día, solo afecta las horas de menor volumen de tráfico, que son, desafortunadamente, las horas con mayor proporción de fatalidades por atropello respecto al nivel de actividad.

Aun así, el aumento de tiempo de viaje en horas de bajo volumen de tráfico es pequeño. En el caso extremo de poder ir a velocidad máxima todo el tiempo, la pérdida es 12 segundos por kilómetro. Hay mucha más percepción que realidad en la afectación a la movilidad y emisiones por cuenta de la reducción del límite, pero la diferencia en probabilidad de fallecer en un atropello es sustancial. A 60 km/h la probabilidad de sobrevivir es menos de 2 %, a 50 km/h la probabilidad aumenta a 15 %. A 50 km/h también se reduce la distancia de frenado y aumenta el campo visual. Los errores e imprudencias resultan, entonces, menos fatales.

Varios automovilistas y motociclistas reclaman mal comportamiento de peatones y ciclistas, a quienes tachan de ser imprudentes. Algunos lo son, y a pesar de tener derechos, también tienen deberes. La Secretaría de Movilidad promueve el Manual del Buen Ciclista, donde insiste en comportamientos adecuados de los usuarios de bicicleta. Hay que actuar para mejorar esos comportamientos, pero eso no implica que no se deba actuar sobre los conductores que exceden los límites de velocidad poniendo en riesgo su vida y la de los demás. Ser imprudente no debería tener como castigo la pena de muerte. A velocidad moderada esas imprudencias y errores no son fatales.

Es también común el comentario entre motociclistas y automovilistas indignados de indicar que la medida se adopta solo para recaudar multas. Cabe anotar que la mayoría de los conductores en Bogotá cumplen las normas de tránsito, solo un 21 % excede los límites de velocidad. Para el 79 % las cámaras salvavidas salen gratis. Y son el 21 % quienes generan los riesgos fatales.

La experiencia internacional muestra efectividad en la reducción de incumplimiento de límites y de fatalidades por cuenta de dispositivos electrónicos de control. Esta gráfica de São Paulo (Brasil) muestra una caída de 22 % en las fatalidades cuando se instaló la fiscalización electrónica en esa ciudad (1997). Luego ha seguido bajando, por ejemplo, con la reducción de velocidad a arterias a 50 km/h en 2015.

Por supuesto, las cámaras salvavidas, llamadas así en Bogotá porque esa es su función e intención, deben estar debidamente autorizadas por el Ministerio de Transporte, disponer de señalización adecuada y estar bien calibradas. Y los supuestos infractores tienen todo el derecho al debido proceso.

Estas dos medidas, límite de 50 km/h y cámaras salvavidas, son sustanciales para lograr la meta de reducir el número de muertos en el tráfico en 20 % en 2024, respecto a 2019, propuesta en el Plan de Desarrollo Distrital. No es lo único, pero sí lo más efectivo (no facilista). La evidencia internacional y la propia experiencia de Bogotá con los corredores de 50 km/h lo respalda.

Darío Hidalgo

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