Nueva movilidad, ¿sostenible?

Nueva movilidad, ¿sostenible?

Las compañías identifican a los viajes en carro como la mayor amenaza para la sostenibilidad urbana.

14 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

La irrupción de tecnología y emprendimientos en el sector transporte en los últimos años ha cambiado la discusión sobre movilidad, pero aún no cambia del todo el paisaje. Hay muchas nuevas ofertas, pero en países como Estados Unidos, Canadá, Australia, el carro individual no solo domina, sino que sigue creciendo.

En Europa Occidental crece el uso de la bicicleta y sigue siendo importante el transporte público, no necesariamente los nuevos servicios (y eso está bien).

Entre nosotros, los nuevos servicios siguen siendo ilegales o no se han implantado, y los que ya operan, mueven aún una pequeña fracción del total de viajes. Esto no quiere decir que la situación se mantenga; se espera que la movilidad como servicio (MaaS) y la revolución de vehículos autónomos cambien la tendencia. Pero, si no se toman medidas para controlar impactos negativos, podemos esperar más problemas de la nueva movilidad: más congestión, más emisiones, más incidentes de tráfico, más iniquidad.

Por ese motivo un grupo de organizaciones no gubernamentales, con el liderazgo de Robin Chase (gurú de la economía compartida), creamos los 10 principios de movilidad compartida para ciudades amables. Las organizaciones incluyen asociaciones de ciudades, como C40, Iclei, e institutos de investigación como ITDP, SLoCaT, Natural Resources Defense Council, Rocky Mountain Institute, Shared-use Mobility Center y el Centro WRI Ross para Ciudades Sostenibles (del cual hago parte).

Los primeros cinco principios impulsan ideas generales sobre las cuales ya existe cierto consenso en la comunidad de desarrollo sostenible, aunque aún nos falte mucho para lograrlos: planear ciudades y movilidad de forma conjunta; mover personas, no carros; buscar el uso eficiente de espacio (calles y espacios públicos) y activos (vehículos que duran 95 por ciento del tiempo parqueados); integrar a todos los actores en la toma de decisiones; y diseñar para acceso equitativo (no solo para aquellos que puedan pagar o moverse fácilmente).

Al final lo que buscamos las organizaciones es transporte sostenible, inclusive, resiliente, que facilita el flujo libre de personas y productos de forma segura, eficiente y con cero emisiones.

Los siguientes cuatro principios implican temas en los cuales puede existir controversia, especialmente sobre el papel del Estado y la regulación: promover la transición hacia cero emisiones (para lo cual, al menos en corto plazo, se requieren recursos adicionales); propender por tarifas justas (actualmente subsidiamos el uso de vehículos individuales, carros y motos, y además no les cobramos sus impactos negativos en congestión, contaminación y accidentalidad); beneficiar a todos a través de datos abiertos (los datos son propiedad de compañías privadas y parte del giro de su negocio); y promover integración y conectividad sin trabas (la forma como estamos organizados no es conducente a servicios integrados).

El principio n.°10 es tal vez el más controversial: los vehículos autónomos deben ser compartidos, al menos en áreas urbanas densas. Según Robin Chase, esto puede hacer la diferencia entre el cielo y el infierno. El hecho de que no tengamos que conducir los carros puede significar que se multiplica el número de vehículos-kilómetro, con muchos viajes desocupados (carros zombis), porque son enviados a la casa, para evitar costoso estacionamiento en áreas centrales, o se dejan dando vueltas a la manzana mientras hacemos nuestras propias vueltas.

Por ser parte de su ADN, gigantes de la nueva movilidad (Uber, Lyft, Didi y Ola, BlaBlaCar, Citymapper, Didi, Keolis, LimeBike, Mobike, Motivate, Ofo, Scoot Networks, Transit, Vía y Zipcar) y emprendedores, ONG y empresas más pequeñas (Cityway, Jetty, CityFi, Commutifi, Costa Rica Limpia, Fundación Despacio, Fondazione per lo Sviluppo Sostenible, ITSArab.org y Mobility Lab) decidieron apoyar conjuntamente estos diez principios, indicando un camino para avanzar a ciudades mejores.

Según declaraciones durante el lanzamiento, las compañías coinciden en identificar los viajes en carro individual como la mayor amenaza para la sostenibilidad urbana, y en la necesidad de avanzar reducción de emisiones del transporte y en la provisión de servicios equitativos, para lo cual sienten la necesidad de trabajar de manera colaborativa entre el Gobierno y el sector privado. Es claro que los servicios tanto de carros compartidos, como de bicicletas públicas y de viajes por demanda pueden funcionar mucho mejor en un ambiente de menor congestión; pero sorprende de todas formas que las compañías estén dispuestas a pagar tarifas justas: cobros por congestión, de uso de espacios públicos para el estacionamiento de bicis y de puntos de abordaje en la acera, por ejemplo.

Como era de esperarse, el anuncio de apoyo a los principios por compañías de nueva movilidad generó algunas reacciones positivas (ver, por ejemplo, notas en Wired, Marketplace, Economic Times, India), pero también una buena discusión sobre capitalismo y libertades individuales. Por ejemplo, la organización libertaria Instituto para la Empresa Competitiva (Competitive Enterprise Institute, CEI) criticó la suscripción de los principios por Uber, bajo un entendimiento que el gigante de llamado de viajes (ride-hailing) buscaría prohibir la propiedad de carros autónomos para monopolizar el negocio. Coincido que Uber puede tener muchos pecados (reales e imaginarios), y que en sí mismo no es movilidad sostenible, pero tengo más reservas del capitalismo salvaje de la propiedad individual de vehículos y de los subsidios que todos seguimos generando para un modelo insostenible basado en carros individuales que promueve CEI.

Además, los principios fueron acogidos en forma amplia por grandes y pequeños jugadores en el mercado de nueva movilidad. En cualquier caso, la principal forma de acceder y circular en centros urbanos densos será el transporte masivo (movilidad compartida por excelencia), la caminata y la bicicleta. Los carros individuales, convencionales u autónomos no tienen sentido en áreas densas. Y si son autónomos, lo mejor es que sean compartidos.

Con la creciente evidencia sobre el impacto de la nueva movilidad y el fardo histórico del crecimiento de la motorización individual, es hora de tomar cartas en el asunto desde el Gobierno (nacional y local). Bienvenidos entonces los apoyos de Pittsburgh y París a los 10 principios, se requieren muchas más ciudades y países. Meter la cabeza en la arena como avestruces no va a solucionar los problemas que emergen del rápido crecimiento de la motorización y de los emprendimientos de nueva movilidad.

Al final, lo que buscamos las organizaciones que creamos los principios es transporte sostenible, inclusive, resiliente, que facilita el flujo libre de personas y productos de forma segura, eficiente y con cero emisiones, al tiempo que provee movilidad asequible, saludable e integrada para TODOS. Ni el libre mercado y mucho menos los subsidios a lo ineficiente van a generar sostenibilidad y equidad por sí mismos.

DARÍO HIDALGO

Columnistas

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