Congestión y contaminación

Congestión y contaminación

La solución es conocida: más viajes en transporte público, a pie y en bicicleta.

18 de febrero 2019 , 09:01 p.m.

Dos temas críticos que se hicieron evidentes durante estos días, pero nos acompañan desde hace rato en la capital del país y otras ciudades colombianas: el excesivo tiempo de viaje en el tráfico y los niveles inaceptables de contaminantes en el aire.

Comencemos por la congestión. Durante la semana pasada, la empresa consultora en tráfico INRIX publicó su índice anual, donde Bogotá ocupa un deshonroso tercer lugar entre 200 ciudades y aparece como la ciudad con más horas perdidas en el tráfico, con 272 horas, equivalentes a 11 días al año. Medellín, la segunda ciudad colombiana en este ‘ranking’, aparece en el lugar 25 y tiene 138 horas perdidas al año (subiendo de 62 horas perdidas en el año anterior). Esto es malo.

¿Qué es lo que mide INRIX? Básicamente, el desplazamiento de usuarios de vehículo particular, que en el caso de Bogotá son el 13 % de los desplazamientos totales y en Medellín, el 7 % según las encuestas de la Red de Ciudades Cómo Vamos. No se trata entonces de un indicador integral de la movilidad, solo de una porción. Pero parece la porción que más interesa, dado el fuerte cubrimiento de medios y debate en redes sociales.

Lo primero que se viene a la cabeza de cualquier persona cuando se le pregunta cómo solucionar problemas de congestión de tráfico es que se deben ampliar las vías, especialmente con construcción de autopistas urbanas. Esa intuición fue la base de la planeación de transporte de Estados Unidos y otros países industrializados durante el siglo XX, y no funcionó. Antes que mejorar, la construcción de autopistas urbanas empeoró la condición del tráfico, como bien lo documenta el Instituto de Transporte de Texas A&M, y lo explica con detalle Anthony Downs de Brookings Instutiton. Más oferta vial hace más atractivo el uso del carro, y el efecto final es más congestión. Esto no implica que no sea necesario construir vías; siempre serán necesarias calles en las ciudades, para dar acceso a hogares, sitios de trabajo, estudio, recreación y servicios sociales; así como avenidas para dar conectividad regional. Pero hacer autopistas urbanas es igual a apagar un incendio con gasolina. Peor aún si son elevadas, porque lo único que hacen es llevar la congestión a un nivel superior.

Antes que tratar de solucionar el trancón, según INRIX, las ciudades deben orientarse a mejorar el transporte público y el acceso seguro a pie y en bicicleta. A mí me sorprendió que en las primeras 25 ciudades de la lista de INRIX aparecieran ciudades con extraordinarias redes de metro: 1. Moscú (365 km de metro, inaugurado en 1935); 4. Ciudad de México (226 km de metro, 1969); 6. Londres (408 km de metro, 1863); 14. Singapur (200 km de metro, 1987); 15. Berlín (152 km de metro, 1902); 16. París (214 km de metro, 1900); 17. Melbourne (400 km ferrocarriles suburbanos, 1854); 22. Madrid (294 km de metro, 1919). Claramente, la consultora de tráfico no midió cómo se mueven las personas en transporte público, solo se concentró en los carros.

Muchas de las ciudades en el ‘top’ de la lista de congestión lo que hacen, antes que construir autopistas urbanas, es facilitar la movilidad a pie y en bicicleta con peatonalizaciones y áreas de no carro (como Madrid y Paris), y supervías de bicicleta (como Londres y Berlín). Singapur, además, no solo cobra la congestión, sino que subasta la oportunidad de adquirir vehículo, haciendo muy costoso tener y usar carro. Eso sí, proporciona opciones de alta calidad para viajar en transporte público.

Hablemos ahora de contaminación. Bogotá y Medellín vieron condiciones críticas durante los últimos días. Su nivel regular (y muchas veces malo) de calidad de aire se vio agravado por condiciones meteorológicas adversas y por incendios forestales y quemas de potreros en el oriente de Colombia y en Venezuela, comunes en esta época del año. La situación es de vida o muerte. El aire contaminado con partículas finas causa enfermedades respiratorias y afectaciones del corazón, que son especialmente graves en adultos mayores y en niños. Por ello, todo esfuerzo que se realice en mitigar la condición crítica puede significar vidas salvadas.

Buenas investigaciones de la Universidad Nacional, los Andes y La Salle, consolidadas en este hilo del profesor Néstor Rojas, han indicado distintos elementos útiles para la actuación de las autoridades. Una conciliación de inventarios de emisiones “de abajo hacia arriba” y “de arriba hacia abajo” de emisiones indica que la contribución de TransMilenio en las emisiones totales de material particulado es de 3,9 %; 36 %, camiones; 29 %, buses del SITP zonal, provisional y otros; 10 %, camperos y camionetas diésel; 7 %, microbuses; 5 %, motos y 3,9 %, otros vehículos particulares. Este inventario es similar en Medellín, por lo que las restricciones a circulación de carros, camionetas y motos, y de camiones en el polígono de alerta naranja en Bogotá, contribuyen un poco, y ayudan a paliar la crisis, pero son claramente insuficientes.

Para lograr una mitigación fuerte de emisiones de partículas y de su formación en la atmósfera, las apuestas más efectivas para fuentes móviles son la reducción de contenido de azufre del diésel (debe ser menos de quince partes por millón; después de un esfuerzo importante por Ecopetrol, está por debajo de cincuenta, pero debe ser 15 para estar a la par de la mayoría de países de Ocde); la implantación de filtros de partículas en camiones, buses y camionetas (remunerando, si es necesario, a los operadores de transporte público); el reemplazo de camiones y buses por vehículos de mayor estándar, en lo cual cabe la entrada de buses de cero emisiones de tubo de escape (para esto último ya hay hojas de ruta aprobadas por los concejos de Bogotá y Medellín).

Varios investigadores de las Universidades Nacional hacen el llamado al reemplazo de flota de camiones y buses en un comunicado propositivo, y solicitan controles mucho más estrictos a este tipo de vehículos durante la crisis, además de acciones para reducir la recirculación de polvo, como la pavimentación y mantenimiento de vías locales, mitigar el polvo en las construcciones y arborizar más la ciudad.

Siendo problemas muy complejos, la solución para la congestión y la contaminación es conocida. Menos viajes en vehículos motorizados, más viajes en transporte público, a pie y en bicicleta, mejor tecnología y operaciones de los vehículos. Esto implica acciones en el planeamiento urbano (ciudad densa, compacta, de usos mixtos, bien conectada), oferta de transporte público de calidad (metro, más troncales, cables, trenes de cercanías), infraestructura segura para caminar e ir en bicicleta; gestión de la demanda (cobros por congestión y estacionamiento), y mejores vehículos (bajas y cero emisiones de tubo de escape) y operaciones, en lo que se incluye la modernización de la red semafórica. En la crisis, mayor control y una buena dosis de solidaridad. Son problemas de todos, no de los “otros”.

Calidad de Aire en Bogotá y Medellín, Febrero 14 de 2019

Calidad de Aire en Bogotá y Medellín, Febrero 14 de 2019

Foto:

https://aqicn.org/city/bogota/es/

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