Plástico sostenible, sí es posible

Plástico sostenible, sí es posible

El reciclaje químico se está perfilando como la gran revolución ambiental de los próximos años.

17 de abril 2019 , 07:00 p.m.

Con mayor frecuencia, recibimos información sobre el plástico y su impacto en el ambiente. Predomina un sentimiento de ansiedad por estar, aparentemente, ahogándonos en un material que no se degrada rápido y que está invadiendo, de manera exponencial, los ecosistemas del planeta.

Como reacción a esta situación, casi desesperadamente, aunque quizás comprensible, han surgido soluciones —no muy propias de la naturaleza humana, de progreso permanente— que proponen la prohibición de algunos productos de plástico.

El problema de los residuos plásticos existe y es urgente, pero el panorama futuro no es tan aterrador, por lo contrario, es bastante alentador. Las innovaciones y transformaciones están ocurriendo a velocidades muy rápidas.

El Gobierno colombiano ha sido pionero en América Latina en implementar una norma que exige a las empresas cumplir unas metas estrictas de reciclaje posconsumo de los empaques de sus productos.

El reciclaje químico, por ejemplo, se está perfilando como la gran revolución ambiental de los próximos años. Este consiste en convertir un residuo plástico en aceite o, incluso, nuevamente en el monómero que se polimeriza y transforma en materia prima virgen. Así, cualquier residuo plástico puede volver a su estado original y ser utilizado muchas veces como materia prima para fabricar cualquier producto. De acuerdo a McKinsey, el reciclaje químico podría cuadruplicar el reciclaje de plásticos a nivel global, del 12 % actual a 50 %, en 2030.

En reciclaje mecánico, que, en términos sencillos, significa moler el producto para nuevamente peletizarlo, ya existe la tecnología para literalmente mezclar el residuo plástico con basura de un relleno sanitario y convertirlo en una materia prima que puede ser utilizada para fabricar sillas, adoquines, canecas, perfiles, entre otros. El potencial impacto de esta innovación en disminución de emisiones de CO2 es inmenso.

Resulta igualmente alentador que la sociedad, la academia, el Gobierno y la rama legislativa están activamente buscando soluciones. En el caso colombiano, los consumidores han entendido muy rápidamente que no solo deben disponer y separar adecuadamente sus residuos, sino también exigir soluciones a las empresas que ponen productos en el mercado y a las autoridades encargadas de la regulación y los servicios de aseo y recolección.

El Gobierno colombiano, por su parte, a través del Ministerio de Ambiente, ha sido pionero en América Latina en implementar una norma que exige a las empresas cumplir unas metas estrictas de reciclaje posconsumo de los empaques de sus productos. Estamos hablando de una medida que cobija más de la mitad de los residuos reciclables que hoy terminan en rellenos sanitarios.

La mejora en las condiciones de vida gracias al plástico es incuantificable. Además, este material es —por su bajo impacto relativo en emisiones de CO2, consumo energético, de agua y de transporte, y su aporte a la reducción del desperdicio de alimentos— un gran aliado en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

No perdamos la esperanza. Sí es posible seguir disfrutando y aprovechando las bondades del plástico de manera sostenible.

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