Normalidad al por mayor

Normalidad al por mayor

Salir de la crisis se volvió -en sí mismo- la narrativa para salir de la crisis. Eso es problemático

07 de mayo 2020 , 06:50 p.m.

Con la extensión de una cuarentena llena de nuevas excepciones, el presidente Iván Duque intenta instalar una narrativa: empezamos a volver a la normalidad. Duque no está solo. Hablar del regreso a la vida cotidiana es una tendencia en varios países, y en nuestro caso cuenta con el apoyo entusiasta de la Andi y de varios sectores. Salir de la crisis se volvió en sí mismo la narrativa para salir de la crisis.

Más allá de la dificultad para entender en términos cuantitativos esta pandemia, hay datos disponibles para afirmar que no hay una desaceleración evidente de la curva de contagio. Y en vez de comunicar desde la incertidumbre, el Gobierno le apuesta a un discurso de coaching sobre reactivación, reapertura y dinamización. Un camino que en el mediano plazo puede generar mayor desconfianza y confusión entre la ciudadanía, además del riesgo claro en salud pública.

“Lo que quiero transmitirles a ustedes es que seguimos avanzando de manera progresiva y responsable” –afirmó el Presidente en la transmisión de 60 minutos del miércoles, a las 6 p. m., donde hizo los nuevos anuncios–, “pero sin detenernos, sin dejar de mirar hacia adelante con ganas, con verraquera, con esa verraquera que nos identifica a nosotros como país”.

Al hacer un análisis de este espacio, en 'Señal Colombia', donde habló el Presidente, la vicepresidenta, algunos expertos y dos ministros del despacho, encontramos que entre las 30 palabras más repetidas estuvieron “comercio” y “productividad”, con el mismo número de repeticiones que “aislamiento” (18 veces cada una). También llama la atención que, antes que sinónimos de “cuidado” o “protección”, prevalecieron palabras relacionadas con “progreso”, “reactivación”, “apertura” y “recuperación”. El enfoque del discurso es claramente el económico.

A pesar de que el Presidente no abandona las referencias a las cifras y al manejo de la pandemia –como sí lo ha hecho, casi del todo, el presidente Donald Trump–, la narrativa plantea una idea de avance lineal; niega de alguna forma el elemento de irresolución de la crisis y la provisionalidad de la situación, algo que es clave comunicar en este contexto.

Cuando la evidencia empírica contradice a los gobernantes, la desconfianza en las instituciones aumenta y el vacío de información lo llena la especulación.

Como lo señala un artículo reciente del 'New York Times', uno de los grandes problemas de la pandemia ha sido que muchos líderes han preferido vender certezas y ‘verdades’ incompletas para generar calma. Y cuando la evidencia empírica los contradice –que ya ha pasado varias veces en estas semanas– quedan fuera de lugar. La desconfianza en las instituciones aumenta y los vacíos de información se llenan a punta de especulación y, claro, desinformación.

En el caso de Trump y la Casa Blanca, la estrategia entre enero y comienzos de marzo fue decir que el riesgo era bajo, ignorando las advertencias y dejando pasar días claves para preparar la respuesta. Semanas después, y sin que las cifras den muestra alguna de mejoría, el Gobierno norteamericano pasó a una etapa nueva. “Estoy viendo la luz al final de túnel”, ha dicho en varias oportunidades.

Expertos en comunicación y salud pública como Thomas Inglesby, de la Universidad de Johns Hopkins, han insistido en que la información debe ser lo más completa posible para que la gente pueda evaluar qué considera correcto hacer, dejando claro lo que no sabemos y cuándo sabremos más. Y hay nuevos estudios que muestran que esto, más que las verdades azucaradas, es lo que le ayuda a la gente a transitar estos traumas colectivos.

La realidad es que viene no un progreso lineal, sino un acordeón de apertura-cerramiento que va a depender casi exclusivamente de la interpretación que las autoridades hagan de los datos en tiempo real sobre la congestión de las UCI y la relación entre pruebas y número de casos. En este sentido, lo que sigue no es la normalidad, sino más zozobra.

En unas semanas vamos a estar todos pegados de los datos de la curva de contagio compartidos por redes sociales para tratar de predecir si en los próximos días va a haber nuevos cierres. Esto nos da la sensación de que podemos monitorear desde nuestras casas la pandemia en tiempo real, pero lo cierto es que los números –con el poco contexto que tenemos como ciudadanos comunes y por lo mal que algunas voces los presentan– nos pueden contar una historia distorsionada.

Como lo han explicado los epidemiólogos, cuando vemos el número de casos hay que recordar que los números no muestran cuántas personas se contagiaron en un día en específico. Reflejan, como lo resume Ed Yong en un reciente artículo en 'The Atlantic', el número de test que fueron hechos (que en el caso de Colombia es insuficiente aún), el retraso en el reporte de los resultados de esas pruebas y la proporción de test que fueron ‘falsos negativos’ (que ha mostrado ser alta). Fuera de eso, las estadísticas de muertos tampoco son una foto acertada, pues la demora en los reportes durante los fines de semana es una constante que se está viendo en todo el mundo. Por todas partes hay incertidumbre.

Y aun si todos estos números convergen y se aplana la curva de contagio, como lo ha señalado Zulma Cucunubá, epidemióloga del Imperial College, ya no hay una ‘vuelta atrás’ al statu quo. Lo que viene son cambios grandes en la forma en que vivimos y entre más claro se comunique esto, mejor.

* * *

Cristina Vélez Vieira
Politóloga e investigadora dedicada a estudiar el debate público digital a través del análisis de datos. Cofundadora de Linterna Verde.

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