Los oportunistas llegan a la ‘cultura de la cancelación’

Los oportunistas llegan a la ‘cultura de la cancelación’

Así estamos. La corrección política al servicio del ‘troleo’ contra mujeres periodistas.

29 de julio 2020 , 09:57 p.m.

El verbo ‘cancelar’ en redes sociales está siendo cada vez más usado en Colombia. Hoy no voy a tomar posición en la inagotable discusión sobre el valor de boicots digitales como los desplegados recientemente contra el cineasta Ciro Guerra –acusado de acoso y abuso sexual– o con la etiqueta #JBalvinIsOverParty contra el reguetonero. Prefiero no correr el riesgo de ser cancelada en 3, 2, 1... por quienes afirman que son prometedoras herramientas de justicia social o por los críticos que solo ven linchamientos mediáticos.

Mi punto aquí es distinto. Quiero mostrar cómo un grupo de cuentas en Twitter que se autoproclaman “progresistas” han logrado mimetizarse hábilmente en este discurso de la cancelación, que si bien tiene la intención de defender minorías o grupos sin poder, también termina legitimando operaciones de acoso y ‘troleo’ en línea contra mujeres periodistas. Bajo la justificación de que ellas no piensan como ‘nosotros’ se construye un entorno de intimidación y ataques.

Como afirma Ross Douthat en The New York Times, este tipo de campañas que buscan que alguien pierda su empleo, sus seguidores y que apague su voz, sus contenidos o su negocio definitivamente han mostrado tener más impacto en las carreras de figuras que apenas están empezando o que por su contexto social han tenido más dificultades para construir una trayectoria que frente a los clásicos hombres blancos y ricos.

La ‘cancelación’ como ‘show’ mediático no siempre golpea a los que dice que va a golpear e incluso puede terminar beneficiando a los más poderosos. Como lo afirma Helen Lewis en The Atlantic, “los que tienen poder dentro de las instituciones adoran los gestos progresistas y llamativos: (...) despedir a empleados de rango bajo o medio que, al equivocarse en una opinión, atrajeron el odio de muchos, pues esto les ayuda a preservar su poder (...) sin embarcarse en las reformas estructurales que tendrían que hacer para combatir de fondo el racismo, la xenofobia y otros tipos de discriminación”.

En el caso de las periodistas que voy a mostrar a continuación, la narrativa de la ‘cancelación’ sirve para acallar voces que de por sí ya son minoritarias. En este contexto, la estrategia de control social alimenta el sectarismo político, las ‘cámaras de eco’ y la polarización del debate público en el país.

Mientras escribo esta columna veo un tuit que se está viralizando rápido para ser un domingo por la noche. Lleva ya 3.000 interacciones. Una cuenta que se describe “progresista y humanista, antiuribista hasta la médula y activista digital” les pide a sus 20.000 seguidores “cancelar a Vicky Dávila (...), no mencionar su cuenta, ni responder sus trinos, ni abrir sus columnas ni compartir su contenido”. Aunque varios de sus seguidores (incluso cercanos a su misma corriente política) buscan hacerlo reflexionar sobre los peligros de este pensamiento grupal que aboga por la exclusión, el usuario produce otros tres trinos promoviendo su ‘bloqueatón’, que son amplificados masivamente dentro de su burbuja involucrando en retuits a cerca de otras 2.000 cuentas.

Los oportunistas llegan a la ‘cultura de la cancelación’
Foto:

Tomada de Twitter

Los oportunistas llegan a la ‘cultura de la cancelación’
Foto:

Tomada de Twitter

Otros ataques similares estuvieron dirigidos este año a Camila Zuluaga con el ‘hashtag’ #CamilitaEstásPillada, promovido por la ya famosa bodega uribista o, más
recientemente, contra Juanita León por el artículo crítico de ‘La Silla Vacía’ sobre la serie ‘Matarife’. Y el tema parece ser un patrón en la región. Para mencionar un caso, en México, hace poco, 26.000 cuentas afines al presidente López Obrador usaron la etiqueta #ApagaAristegui como una estrategia de censura a las investigaciones contra el Gobierno que emite la periodista del canal CNN Carmen Aristegui.

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Foto:

Tomada de Twitter

En recientes monitoreos de Linterna Verde hemos encontrado otras etiquetas que usan despectivamente el nombre de las periodistas para atacarlas (#ElVirusdeCarlaAngola o #Dresserzopilota) y buscan bombardearlas desde múltiples cuentas con contenidos que incluyen lenguaje tóxico y expresiones discriminatorias y sexistas:

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Foto:

Tomada de Twitter

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Foto:

Tomada de Twitter

Estas hordas de cuentas que le apuestan a ‘cancelar’ periodistas a menudo se definen como parte de un grupo o una corriente política. En la burbuja no importa mucho el debido proceso, ni tampoco si lo dicho fue hace muchos años (como pasó en el caso de la apneísta Sofía Gómez), o si fue resultado de un día malo; lo único importante es que internet lo haya registrado, pues el dedo acusador da muchos seguidores y sentido de pertenencia.

Nadie sabe para quién trabaja. En este caso vemos cómo un mecanismo pensado para sancionar socialmente sirve como plataforma para atacar, silenciar y discriminar. Y, al ser las mujeres quienes reciben esta supuesta modalidad de control colectivo, la estrategia de cancelación termina aumentando la brecha para que las mujeres puedan expresarse de manera segura y libre en redes sociales.

Cristina Vélez Vieira
Politóloga e investigadora dedicada a estudiar el debate público digital a través del
análisis de datos. Cofundadora de Linterna Verde.
‘Disclaimer’: trabajé en ‘La Silla Vacía’ de 2008 a 2010, pero ya no ejerzo el periodismo.

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