La imposibilidad del abrazo

La imposibilidad del abrazo

¿Qué tanto nos podemos acercar al dolor de los demás desde la virtualidad?

22 de mayo 2020 , 09:31 a.m.

La foto de portada de 'El Espectador' del domingo del cementerio de Leticia lleno de improvisadas lápidas que dicen: C-19 nos sacudió. Con las noticias que llegan desde el Amazonas hemos empezado a ver algo del sufrimiento detrás de los números de contagio en Colombia. Nos llega a nuestra cuarentena especialmente por redes sociales, en noticias y fotos a las que, en solidaridad, le damos like, compartimos o comentamos. Incluso, Facebook ha dado un paso más y acaba de lanzar el icono ‘me importa’, un emoji abrazando un corazón para que desde el ‘distanciamiento social’ reaccionemos digitalmente con empatía. Pero ¿qué tanto nos podemos acercar al dolor de los demás desde la virtualidad?

Los emojis seguro no son suficientes. Como dice la ensayista estadounidense Susan Sontag en su libro 'Ante el dolor de los demás', la compasión es una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones de carne y hueso o se marchita. El problema de las pantallas es, para ella, que nos convertimos en espectadores, “percibimos que no hay nada que ‘nosotros’ podamos hacer, pero ¿quién es ese ‘nosotros’? (...), entonces comenzamos a sentirnos aburridos, cínicos y apáticos”, dice Sontag.

En esta pandemia las tristezas ajenas nos están llegando sobre todo a través del scroll obsesivo que hacemos en redes sociales, cuyo consumo ha aumentado un 30 %. Y aunque apenas estamos empezando a crecer en la curva en Colombia, nuestro ojos y cerebro ya han acumulado meses de exposición a los a testimonios, descripciones detalladas y videos de las tragedias vividas en España, Italia y Estados Unidos, cada una más impresionante. Esta tormenta de estímulo digital nos exige reacciones emocionales por milésimas de segundo, pero al mismo tiempo, como también lo dice Sontag, nos va aturdiendo. Cada vez el titular o la foto tienen que ser más desgarradores para sacudirnos.

Pero a medida que el virus avance, los anillos de contagio se estrecharán y muy posiblemente los posts de sufrimiento que veamos en nuestro 'feed' empezarán a ser de personas que conocemos. ¿Cómo acompañar esos duelos si en realidad no estamos ni podemos estar ahí?

La imposibilidad del abrazo y la cercanía física no solo afecta a quienes sufren. Como ya se ha visto en Europa, donde el pico de muertes llegó primero, la limitación para asistir a los funerales de los seres queridos está dejando graves secuelas emocionales. La razón de esto es lo que los psiquiatras y neurocientíficos llaman ‘hambre de piel’: la necesidad de cariño en forma de contacto físico que tenemos las personas. Tocarnos activa ciertos mecanismos cerebrales que ayudan a soportar mejor el dolor, pero ahora, cuando más lo necesitamos, no podemos abrazarnos.

En busca de consuelos alternativos, incluso, se ha vuelto tendencia a nivel mundial mandarnos ‘abrazos virtuales’. Tanto en Twitter como Facebook e Instagram se ve cómo la llegada del virus disparó el uso de este término (ver gráfica con datos del resultado del monitoreo de Linterna Verde). Pero esto, igual que los emojis, se queda corto. Lo que está recomendando un grupo de nuevas voces es hacer una apuesta por reemplazar los clics por rituales.

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Foto:

Cristina Vélez

Como lo señala el filósofo berlinés-coreano Byung-Chul, en nuestros perfiles de redes casi siempre nos estamos produciendo y representando a nosotros mismos desde una adoración al yo. Su reflexión va a que cuando publicamos condolencia en nuestro perfil —enfrente de todos nuestros seguidores— se confunde si lo estamos haciendo pensando en la víctima o en nuestro ego.

Su invitación es a abandonar acciones digitales preformateadas como el corazón de Facebook o los ‘abrazos virtuales’ e invertir nuestro tiempo, atención y ‘presencia mental’ en gestos no verbales que muestren que algo de verdad nos importa. Pintar a mano una tarjeta y enviarla (incluso en PDF), hacer una videollamada donde miramos a los ojos con intención y de verdad escuchamos pueden ser mejores maneras de acercarnos al dolor de los demás y al nuestro.


Cristina Vélez Vieira
Politóloga e investigadora dedicada a estudiar el debate público digital a través del análisis de datos. Cofundadora de Linterna Verde.

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