¿Celebridades o parásitos?

¿Celebridades o parásitos?

La pandemia ha cuestionado la voz y el modelo de negocio de ‘instagramers’ e ‘influencers’.

16 de abril 2020 , 05:57 p.m.

En épocas de cuarentena mundial, donde millones de personas están en sus casas pegadas a internet y buscando en redes sociales respuestas a sus incertidumbres y miedos, muchos 'influencers' han defraudado. Algunas celebridades ostentan –voluntaria o involuntariamente– sus espacios de aislamiento; otras aprovecharon la oportunidad para monetizar la crisis; y unas más se quedaron sin libreto. De manera sorprendente, cuando más atención tienen los influenciadores, más visible se ha hecho la brecha con las audiencias.

“Solo ver este video me hizo sentir pobre”, fue uno de los comentarios que recibió Jennifer López en Instagram tras publicar una imagen de ella y su hijo pasando la cuarentena en un inmenso jardín soleado. Incluso, varios de sus seguidores compararon la casa de la cantante con la mansión del ahora famoso filme 'Parásitos', que recientemente ganó el Óscar por retratar la inequidad en Corea, donde el exceso de lujos de algunos se sostiene sobre el trabajo de otros.

En una coyuntura donde la mayoría de personas están confinadas en sus apartamentos que están terminando de pagar, con la incertidumbre de perder el trabajo y con la televisión prendida en el conteo de infectados y muertos, la ficción del ascenso social que venden los famosos –por emprendimiento, belleza, talento– se desvanece. Como lo explica Amanda Hess en el 'New York Time', la pandemia nos revela de un golpe que nunca vamos a llegar a ser como ellos; llega a romper la “habilidad de las celebridades de moverse entre la élite y las masas, de ser aspiracionales y a la vez cercanos”.

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MEMPHIS X MEMPHIS

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Como lo muestran las miles de críticas que han recibido en redes sociales las excentricidades de algunas figuras —como la del tigre bebé que tiene el futbolista holandés Memphis Depay en su casa para combatir el aburrimiento—, la ostentación
ajena en Instagram no solo ha perdido encanto, sino que aplasta el amor propio de quienes hoy están transitando un trauma colectivo.

El trauma, sin embargo, es una oportunidad de negocio para otras celebridades. J.Balvin y Marcela Reyes –DJ colombiana–, por ejemplo, fueran tachados de oportunistas por miles de usuarios por buscar vender productos de lujo –con tapabocas incluido, claro– aprovechando la pandemia. La modelo Elizabeth Loaiza fue más allá: promocionó entre sus 1,8 millones de seguidores en Instagram pruebas para detectar el covid-19. Poco después, Loaiza borró el video en medio de explicaciones y excusas.

Otro fenómeno que estamos viendo es el de los famosos que se quedaron sin contenidos para publicar. Ahora que la cámara no enfoca el exterior, sino el interior, muchos influenciadores de viajes o de moda se quedaron solo con su cotidianidad para vender. Por eso están desesperados creando ‘retos domésticos’, filmando recetas o probando posiciones de yoga para mantener a sus audiencias cautivas. Por ejemplo, la semana pasada un grupo de ‘instagramers’ creó un challenge de maquillaje buscando imitar las marcas que la violencia intrafamiliar deja en los rostros de las mujeres golpeadas –algo muy presente en épocas de confinamiento–. Más allá de que fueron duramente criticados por las víctimas, sorprenden la falta de empatía y desubicación.

Todo esto ha cuestionado el valor del producto que venden en redes sociales algunas celebridades y la sostenibilidad de sus modelos de negocio. Pero también ha dado paso a nuevas formas de influencia que se apartan del cliché de las Kardashians, el cual ya estaba siendo objeto de rechazo por una parte de la audiencia.

Ahora que la gente enfrenta un entorno de urgencia económica y riesgo en salud, ha empezado a buscar otro tipo de referentes, como son las cuentas de médicos, analistas de datos y científicos. La epidemióloga Zulma Cucunuba, vinculada al Imperial College y quien se ha dedicado a analizar las proyecciones del virus en Colombia, pasó de 964 a 26.000 seguidores en Twitter en tres meses. Algo similar pasó con el médico Camilo Prieto, que se enfocó en videos sobre el tema. Y en el nivel internacional solo se habla del fenómeno de Tomás Pueyó, un ingeniero de Silicon Valley que era invisible hasta que publicó un blog post titulado “Coronavirus: Por qué debemos actuar ya” que logró 40 millones de vistas y terminó catapultado como experto internacional.

Queda la pregunta de si esta crisis de percepción y consumo frente a los influenciadores impulsará un cambio en las redes sociales. O si, por el contrario, será un fenómeno tan excepcional como los tiempos que vivimos, y bajará a la par con la curva de contagio.


Cristina Vélez Vieira
Politóloga e investigadora dedicada a estudiar el debate público digital a través del análisis de datos. Cofundadora de Linterna Verde.

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