¿Se nos agotó la magia?

¿Se nos agotó la magia?

Para concebir la posibilidad de otras realidades se necesita imaginación.

24 de octubre 2018 , 12:08 a.m.

La física contemporánea tiene dos teorías que explican el funcionamiento del universo: 1) La teoría de la relatividad, que da cuenta de los fenómenos macro, de lo que ocurre de las estrellas para arriba. 2) La teoría cuántica, que se ocupa de lo micro, del mundo de los átomos para abajo.

Aún no existe una teoría del todo que unifique en una ecuación la fórmula de las dos anteriores. Una de las propuestas es la de la teoría de cuerdas, que presupone la existencia de nueve dimensiones. Cinco más que las que componen nuestra realidad. Los cosmólogos tienen dos hipótesis para explicar por qué no las vemos: 1) Están enrolladas en un círculo de circunferencia tan pequeña que las hace desaparecer. 2) Las cuatro dimensiones del mundo que conocemos (espacio-tiempo es la cuarta) están metidas entre las membranas de las desconocidas. Es decir que son tan grandes que no las percibimos.

El físico iraní Nima Arkani-Hamed –miembro del prestigioso Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton– compila en una frase la historia de las diferentes maneras como hemos entendido nuestro mundo: “La Tierra no es el centro del sistema solar; el Sol no es el centro de nuestra galaxia; nuestra galaxia es una más entre miles de millones en un universo sin centro; y ahora, nuestro universo tridimensional es una delgada membrana en la totalidad de las dimensiones del espacio”.

Para comprender la realidad se necesita imaginación. A una mente cerrada no le cabe la posibilidad del infinito. Le toca resignarse a no poder ver más allá de la desacreditada teoría de la Tierra como centro del universo.

En el cortometraje El hombre que desapareció, del artista colombiano François Bucher, el científico mexicano Jacobo Grinberg, dedicado al estudio del chamanismo de su país, dice que lo que entendemos por percepción determina nuestra realidad. Dicho de otro modo, que debemos ser conscientes de que nuestras percepciones hacen nuestro mundo.

Grinberg desapareció en los noventa. Según uno de los entrevistados por Bucher, es posible que el científico haya podido “traspasar las rejillas del campo unificado de la matriz” con el poder de su mente y que haya reincorporado sus moléculas a una vibración cuántica. En castizo, pasó de cuerpo entero a otra dimensión.

Si la ciencia cada vez juega más en serio con el concepto del infinito para explicar el porqué de nuestro mundo, y si nuestra realidad depende de cómo la percibamos, ¿por qué conformarse con repetir la historia?

Nos iría mejor aprendiendo de Pedro Damián, el argentino que después de cuarenta años logró redimir su cobardía y morir una segunda vez, como siempre había soñado hacerlo. Cuenta Jorge Luis Borges en La otra muerte que Pedro Damián murió en 1946 como un héroe de la batalla de Masoller. Según testigos de los hechos, le acertó una bala en el pecho cuando lideraba la carga de infantería. La batalla de Masoller ocurrió en 1904, pero Pedro Damián “dedicó la vida a corregir esa bochornosa flaqueza” y en su lecho de muerte consiguió el milagro.

CRISTINA ESGUERRA

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