Reflexiones sobre el futuro del lenguaje

Reflexiones sobre el futuro del lenguaje

Las palabras no solo describen la realidad, también la definen.

09 de agosto 2019 , 07:41 p.m.

En 1993, la norteamericana Toni Morrison recibió el Nobel de Literatura. En la ceremonia de premiación, la escritora —recientemente fallecida— leyó un ensayo sobre el papel del lenguaje en la construcción de nuestro mundo. Para explicar en qué radica el poder de las palabras y cómo definen nuestra existencia, Morrison contó la historia de unos jóvenes que van a la casa de una anciana, sabia y ciega, para formularle una pregunta que suponen no podrá responder: ¿el pájaro que tenemos en las manos está vivo o muerto?

“He estado especulando sobre lo que significa el pájaro en las manos”, dijo la norteamericana. “Decidí que en mi lectura del cuento el pájaro sería el lenguaje y la anciana, una versada escritora”. Esta última debía contestar a los jóvenes si el lenguaje estaba vivo o muerto.

La pregunta que genera la interpretación de Morrison resulta extraña hasta que la escritora comienza a explicar lo que entiende por un lenguaje muerto: si los jóvenes buscaban humillar a la anciana resaltando precisamente aquello que consideraban su gran defecto, entonces el lenguaje está muerto.

El lenguaje es pensamiento. Por eso tiene la capacidad de definir nuestra realidad y no solo de describirla

Está muerto porque no acepta la diversidad que hace parte de la vida, porque no nos deja crecer, porque se usa para imponer voluntades individuales que obligan a los demás a callar. Está muerto porque “el lenguaje opresivo no solo representa violencia; es violencia. No solo representa los límites del conocimiento; limita el conocimiento”, dice Morrison.

Pero si los jóvenes buscaban a la sabia escritora con la esperanza de que ella les ayudara a resolver el interrogante, entonces vive.

El lenguaje es pensamiento. Por eso tiene la capacidad de definir nuestra realidad y no solo de describirla. Dicho de otro modo, las palabras son como materiales de construcción. Cada una tiene unas características específicas, y la fachada de nuestro edificio será de una manera o de otra, dependiendo de las que utilicemos con frecuencia.

Si usamos palabras que agreden y limitan, nuestro mundo será pequeño y violento. Si, por el contrario, echamos mano de las que invitan a intercambiar ideas y nos llevan a aumentar nuestro conocimiento, nuestro mundo se expandirá. En palabras de Morrison: “Morimos. Ese puede ser el sentido de la vida. Pero hacemos lenguaje. Esa puede ser la medida de nuestras vidas”.

Después de un largo silencio, la anciana contestó a los jóvenes: “No sé si el pájaro que tienen en las manos está vivo o muerto, pero sí sé que está en sus manos. Está en sus manos”. Volviendo a la interpretación de Morrison, el mensaje de la escritora es claro: el futuro del lenguaje está en nuestras manos.

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