Los 20 millones de universos del Museo Nacional de Brasil

Los 20 millones de universos del Museo Nacional de Brasil

Los museos nos abren la mente y no siempre estarán ahí.

07 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

El incendio del Museo Nacional de Brasil tiene a los brasileños y al mundo de luto. Según dijo uno de los subdirectores del museo al ‘New York Times’, solo se salvó el 10 por ciento de una de las colecciones de objetos de arte y ciencia más importantes del continente.

La quema del esqueleto más antiguo de América, de una biblioteca con más de 500.000 ejemplares y una de las colecciones de momias egipcias más emblemáticas de América Latina es mucho más que una pérdida de conocimiento cultural y científico. Cada objeto le abría al visitante un universo distinto.

El filósofo Martin Heidegger pone un bellísimo ejemplo que sirve para ilustrar lo que experimenta el visitante de un museo. ‘Los zapatos’ (1886) del holandés Vincent van Gogh es un cuadro de fondo claro con unas viejas botas de campesino en el centro. La sola imagen de esos zapatos usados desvela el mundo de su dueño. “En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena,” escribe el alemán en ‘El origen de la obra de arte’. “En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado…”.

El esqueleto de Luzia, los 26.000 fósiles y el meteorito del Museo también expresaban existencias que le revelaban al visitante lo infinitamente complejo y maravilloso que es el mundo.

Si bien el texto se refiere específicamente a obras de arte, el esqueleto de Luzia, los 26.000 fósiles y el meteorito del Museo Nacional de Brasil también expresaban existencias que le revelaban al visitante lo infinitamente complejo y maravilloso que es el mundo. La imagen que usaba el pensador alemán Gottfried Leibniz para describir a este último era la de un universo compuesto por infinitas mónadas (partículas minúsculas) y en cada una de ellas hay un universo.

Para disfrutar un museo no hay que saber de historia ni de arte. Hay que dejarse llevar por la curiosidad y mantener la mente abierta para entender el cosmos del objeto que está en frente. Ese cosmos es una manera diferente de ver y de habitar el mundo. En los templos de la Antigua Grecia, para usar el mismo ejemplo del filósofo alemán, los dioses convivían con hombres y mujeres, héroes como Aquiles eran realmente semidioses y por las venas de Alejandro Magno corría la sangre de Zeus. Las catedrales medievales son el resultado de una cosmovisión distinta. En el mundo cristiano de la Edad Media no había héroes semidivinos pero sí santos y pecadores, y el infierno y el castigo eterno no eran una metáfora sino una realidad.

Las desoladoras imágenes de los brasileños llorando frente a la puerta de su Museo Nacional y de los trabajadores de la institución entrando al edificio en llamas para rescatar cualquier cosa, nos recuerdan que no podemos dar por descontado que nuestros museos vayan a estar siempre ahí. Por eso, en vez de dejar la visita para otro día, hay que aprovecharlos y entrar a descubrir los mundos que nos ofrecen la próxima vez que pasemos cerca a alguno de ellos.

CRISTINA ESGUERRA

Incendio Museo Río de Janeiro

El Museo Nacional, en Río de Janeiro, fue consumido por un incendio en la noche del 2 de septiembre. 

Foto:

REUTERS/Ricardo Moraes

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.