La vida desde la muerte

La vida desde la muerte

Desde hace miles de años, filósofos y pensadores afirman que pensar la muerte es pensar la vida.

20 de marzo 2020 , 07:29 p.m.

En una entrevista para Televisión Española, la periodista Ana Cristina Navarro le preguntó a Gabriel García Márquez qué le gustaría mirar por un agujerito sin ser visto. El escritor contestó: “¿Sabes qué?, la vida desde la muerte”.

La magnífica respuesta de García Márquez es, como la filosofía, el desafío de pensar la vida desde la ausencia de la materialidad, de los apegos y del ‘yo’; y una invitación a reflexionar sobre lo que permanece.

Para ver cómo nuestra manera de pensar la muerte inevitablemente impacta nuestra concepción de la vida, cabe analizar dos filosofías que ven la muerte de manera distinta: el epicureísmo y el budismo.

Epicuro concebía la muerte como una quimera, “porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo,” escribió en su Carta a Meneceo.

Su filosofía niega toda trascendencia y está íntimamente ligada a la dimensión de lo natural y de lo físico.

Según el pensador griego, la realidad es perfectamente penetrable y cognoscible por hombres y mujeres, y el mundo que nos rodea nos basta para alcanzar la felicidad. Esta última depende exclusivamente de nosotros y de que nos rijamos por la razón que juzga y elige a consciencia. No hay necesidad de la eternidad.

Los budistas, en cambio, viven con la certeza de su trascendencia. Para ellos la vida y la muerte son dos estados distintos de un ciclo que nos lleva a un profundo conocimiento del potencial de nuestra mente.

En este mundo debemos aprender a vivir nuestra realidad —sin importar cuál sea—, a conocer cómo funciona la mente humana y a dominar los impulsos a través de la meditación. Esto se logra desarrollando nuestra espiritualidad, liberándonos de los apegos y desvaneciendo nuestro ‘yo’.

La muerte es el momento en que la mente se libera y la consciencia se une a la luminosidad de lo absoluto, antes de volver a encarnar.

Para el budismo el significado de nuestra muerte está íntimamente ligado al de nuestra vida. “Con la repetición constante, nuestros hábitos e inclinaciones se arraigan más… Es así como llegan a determinar nuestra vida, nuestra muerte y nuestro renacimiento”, dice el Libro tibetano de la vida y la muerte.

Desde que existimos los seres humanos, la consciencia de nuestra finitud nos ha llevado a indagar el significado de nuestra vida. Para el psiquiatra austriaco Viktor Frankl —sobreviviente del Holocausto—, “el sentido de la vida difiere de hombre a hombre, de un día a otro, y de una hora a otra. Lo que importa, por lo tanto, no es el sentido de la vida en general, sino el sentido específico de la vida de cada persona en un momento determinado. Como cada situación de la vida representa un desafío específico para el hombre y un problema que debe resolver, la cuestión del sentido de la vida puede invertirse. En últimas, el hombre no debe preguntarse cuál es el significado de su vida, sino que debe reconocer que es él quien está siendo interrogado. Dicho de otro modo, cada hombre es examinado por la vida y solo puede responderle con su propia vida”.

Esta visión se ajusta a una característica que el budismo tiene en común con el epicureísmo: nuestra vida está en nuestras manos. Gandhi solía decirlo con otras palabras: “Mi vida es mi mensaje”.

Creo que este es un buen momento para preguntarnos cuál es el nuestro.

Cristina Esguerra

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