‘¿Hacia dónde vamos: caos o comunidad?’

‘¿Hacia dónde vamos: caos o comunidad?’

Los acontecimientos de las últimas semanas deben hacer que nos preguntemos por nuestro futuro.

03 de noviembre 2019 , 10:46 p.m.

En 1967, en los Estados Unidos, los integrantes del movimiento por los derechos civiles atravesaban un periodo de confusión. Dos años atrás habían conseguido los mismos de los ciudadanos blancos, pero la realidad seguía sin reflejar la ley, y la violencia y la discriminación contra los negros continuaban.

Según Martin Luther King Jr., muchos norteamericanos blancos estaban de acuerdo con que la brutalidad de los golpes y los linchamientos debían llegar a su fin, pero se negaban a convivir con los negros como iguales.

En medio de la creciente confusión —que llevó a muchos a dudar si el deseado cambio podía lograrse sin recurrir a la violencia—, King escribió un libro titulado ¿Hacia dónde vamos: caos o comunidad? y pronunció un famoso discurso con el mismo nombre.

En ambos escritos, el pastor norteamericano reflexiona sobre el pasado de su país y de su raza, sobre las metas alcanzadas y el camino que falta por recorrer. Una y otra vez se pregunta a sí mismo y a sus interlocutores: ¿hacia dónde vamos?, ¿vamos a apostarle al caos o a construir comunidad?

King es enfático en su afirmación de que el caos no crea comunidad. “Tengo interés en un mundo mejor. Por eso no puedo abogar por la violencia”, dice.

“Asesinando se puede matar a un asesino, pero no acabar con los asesinatos. Con violencia se puede matar a un mentiroso, pero no establecer la verdad. Con violencia se puede matar a quien incita al odio, pero el odio no se acaba”, dice King. “La oscuridad no se apaga con oscuridad. Solo la luz puede lograrlo”.

Para el norteamericano, el poder en su máxima expresión es amor, es tolerancia, es justicia. Por eso decidió amar.

En 1967, King seguía convencido de que el odio es un peso que no vale la pena cargar. A lo largo de su vida había visto demasiadas veces cómo deformaba la cara de las personas y les impedía ver que hay otras maneras de estar en el mundo y de convivir con los demás.

Es fácil incitar al caos y propagarlo. Para cargar el ambiente de violencia basta con tirar la primera piedra o deshumanizar a la contraparte a base de insultos. Lo difícil —como bien sabemos los colombianos— es vivir en medio de ella.

Construir comunidad, en cambio, requiere paciencia y esfuerzo. No es fácil planear un futuro común con los que piensan de otra forma, ni compartir el espacio público con quienes tienen costumbres diferentes.

Pero vivir en comunidad da a hombres y mujeres una sensación de seguridad, de apoyo y de valía. Además, nuestra realidad es infinitamente más rica e interesante cuando intercambiamos ideas con otros y nos aventuramos a pensar el universo desde perspectivas distintas.

52 años después de que King reflexionara sobre el pasado y el futuro de su país, y les preguntara a sus compatriotas: “¿Hacia dónde vamos?”, ¿no valdrá la pena que los colombianos nos hagamos la misma pregunta?

CRISTINA ESGUERRA

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