Pobres vs. PIB

Pobres vs. PIB

Un aumento en el PIB nunca ha representado un aumento en la calidad de vida de los más pobres.

23 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Colombia no produce riqueza; tal vez lo único que produce, si es que produce algo, es plata. Plata que sirve para decir que la economía creció un punto o dos, pero que la meta debe ser crecer cuatro o cinco y bla-bla-bla. A estas alturas sabemos, como bien lo ha registrado en sus libros la notable filósofa Martha Nussbaum, que un aumento en la economía o en el PIB no representa, ni ahora, ni antes ni en el futuro, un aumento en la calidad de vida de los más pobres, de la mayoría de los colombianos. 

Representa un aumento en la riqueza monetaria de unos cuantos que, a la postre, quitan y ponen políticos para conservar su statu quo. Hace poco escribí una columna titulada ‘Políticos vs. gente’, en la que planteaba lo mismo, aunque parecía que los únicos beneficiarios eran los políticos. Pero un amigo me hizo caer en cuenta, y tiene toda la razón, de que los políticos representan, en el teatro de la política, los intereses de poderosos grupos económicos nacionales e internacionales.

Lamento desautorizar a quienes dicen que si aumentamos el PIB per cápita aumentará la calidad de vida. Nunca ha sucedido. Ni en la bonanza cafetera, ni en la bonanza minera, ni en la bonanza petrolera ni en ninguna bonanza. Cada vez será peor y más evidente esa relación inversamente proporcional entre el PIB per cápita y la calidad de vida de la gran mayoría de colombianos.

Lamento desautorizar a quienes dicen que si aumentamos el PIB per cápita aumentará la calidad de vida. Nunca ha sucedido.

Cuando hubo una bonanza, es decir, plata, es decir, un PIB alto y un crecimiento económico de 4 o 5 por ciento, no pasó nada. No construyeron superpuertos en el Pacífico ni en Urabá. Ni trenes en los Llanos, ni dragaron el Magdalena, ni promovieron la navegación por el río Atrato, ni mejoró la cobertura en salud, ni fortalecieron la educación pública de colegios y universidades, ni incentivaron la investigación, ni nos convertimos en los reyes de la energía renovable ni bajó la gasolina. Por el contrario: la educación pública está cada día más diezmada: es un hecho que la Universidad Nacional no crece ni en planta física, ni en profesorado ni en alumnos; la salud está en manos de intermediarios privados que han llevado a la quiebra todo el sistema hospitalario; el litoral Pacífico está más desprotegido que nunca, en manos de mafias, sin Estado; los niños se mueren de hambre; los campesinos colombianos, tal vez los únicos que producen riqueza, están cada vez más ahorcados –desaparecieron el Inderena, el Idema y los Caminos Vecinales, solo por citar ejemplos lejanos–.

En fin, nada de riqueza, entendida como el bienestar de los colombianos.

Esto, lamentablemente, no cambiará con las próximas elecciones. Para algunos, las cosas están perfectas como están, no hay que cambiar nada. Entre otras razones, porque nadie puede cambiar nada. Ni siquiera Gustavo Petro. Porque Colombia vive de esa ausencia del Estado, de la ilegalidad, como dice el politólogo antioqueño Gilberto Tobón. Aun así, creo que a Petro no lo dejarán llegar a la presidencia: o con leguleyadas, o con atentados; y si llega a ganar las elecciones, cabe la triste posibilidad de un golpe militar o, peor aún, de que lo maten. Y entonces aquí se arma una cosa “complicada”, como dicen eufemísticamente los bogotanos para decir que esto se va a la *%&$*.

Les hago la pregunta a todos los empresarios del país, a grupos económicos y banqueros: ¿cómo vamos a hacer para producir riqueza verdadera; desarrollo? Estoy convencido de que toda la fuerza de un cambio democrático está en las manos de ustedes.

* * * *

Adenda: ¿qué hace don Popo y su fuerza comunitaria tan mal juntado?

CRISTIAN VALENCIA
cristianovalencia@gmail.com

Columnistas

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