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¿Quién tiene el derecho a decidir?

¿Quién tiene el derecho a decidir?

Remover un monumento debería ser producto de un diálogo como el que se dio a la hora de erigirlo.

17 de junio 2021 , 09:25 p. m.

A los colombianos se nos quiere imponer un nuevo totalitarismo: el de quienes con una idea no muy generosa de la historia han decidido tumbar los monumentos que, según su acotada perspectiva, no le hacen justicia a nuestro pasado. Estos ‘iconoclastas del siglo XXI’ nos llevan por caminos muy peligrosos, sobre todo porque los acompaña una nueva clase de corrección política que, de generalizarse, nos va a dejar solo una memoria mutilada y parcializada.

La historia no es un idilio ni puede ser asumida en blanco y negro. “El hombre es el dueño de las contradicciones”, dice Thomas Mann en su obra cumbre, La montaña mágica. La contradicción es nuestra por naturaleza. Por eso, la historia debe tener en cuenta las dos caras de esa moneda.

Que una avenida de Bogotá lleve el nombre de Gonzalo Jiménez de Quesada y se erija una estatua en una plazoleta responde a un hecho: se trata del fundador de la capital. Los monumentos cuentan la historia y tienen el carácter de museos al aire libre. Su papel es fundamental para la juventud que se puede cuestionar a sí misma, interpelar a otros y tomar posición. Las imágenes, los símbolos y las obras de arte generan curiosidad y pueden ser tácticas académicas para promover la cultura; son una forma de inclusión e identidad. Esto es fundamental en un país donde la mayoría no conoce su propio pasado.

Las ciudades son logros de la humanidad, a pesar de sus defectos; conformarlas es un proceso complejo, no repentino. Irrumpir en ellas es violencia sin atenuantes. Hay que preguntarse cuál es el siguiente paso de quienes buscan reescribir la historia de esa forma: ¿van a destruir todo lo que no respete su canon iconoclasta?, ¿van a quemar los libros en los que se hable de los conquistadores de América?, ¿van a perseguir a quienes no coincidan con su juicio sobre nuestro pasado común?

La tolerancia es una virtud moral que pone la integridad humana (cuerpo y alma) por encima de cualquier otro principio. El peligro actual es que el país enfrenta una oleada de intolerancia que solo puede ser sostenible sobre la base de groseras unanimidades. Hay que encender las alarmas.

Tengo una preocupación adicional: el trabajo del artista, del creador. Las estatuas o los monumentos son obras de personas talentosas que han puesto su sensibilidad y su creatividad al servicio de la memoria común. Ellos utilizan su espíritu y su arte para expresarse, y su rol es clave en la consolidación de la historia nacional. Aunque se remueva un monumento, aunque se neutralice su significado, ese relato siempre será recordado. Me pregunto entonces: ¿quién nos debe representar: el violento o el creador artístico? Para mí, la respuesta es clara.

Recientemente, Iván Argote, artista colombiano, realizó un performance, simulando un operativo para tumbar la estatua de Joseph Gallieni en el centro de París. El monumento no sufrió ningún daño ni fue intervenido directamente. La obra se basaba en un fake visual que originó muchas reacciones en redes sociales e internet. Argote explicó que buscaba generar un debate sobre los monumentos porque, en su consideración, la estatua de Gallieni, un personaje oscuro de la Francia colonizadora, debería desaparecer en algún momento para darle campo a otra imagen o tal vez solo a una banca o a un jardín.

Este tipo de acciones me parece apropiado; no es necesario hacer daño o destruir para que la gente se acerque a ciertos conceptos. Hay que seguir el camino de Chicago, ciudad estadounidense en donde ahora mismo el debate democrático está abierto y la ciudadanía se está pronunciando sobre qué tipo de estatuas quiere, cuánto tiempo deben permanecer erguidas y por qué pierden su legitimidad.

La decisión de remover un monumento debería ser producto de un diálogo tanto o más complejo que el que se dio a la hora de erigirlo. Insisto: tumbar estatuas es un gesto de violencia. Y a ella, la violencia, es necesario erradicarla de nuestra historia.

Claudia Hakim
Directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá (Mambo)

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