Ser maestro

Ser maestro

Deben enseñar sin sujeción a ideologías.

03 de abril 2019 , 07:00 p.m.

Uno de los más importantes estamentos de una sociedad es el constituido por los maestros. Si bien no son los únicos educadores, es a ellos a quienes se confía la misión de formar, de transmitir conocimientos y enseñar valores y principios que permitan a los alumnos desenvolverse adecuadamente.

Ser maestro implica más que transmitir conocimientos. En palabras de Gerardo Remolina S.J, exrector de la Universidad Javeriana, es un ser que “transmite vida y deja en sus discípulos una huella profunda e imborrable”.

Las cualidades de transformar vidas y sembrar la semilla de la esperanza, que es otra forma de definir lo que logra un verdadero maestro, son tan hondas que un título académico no las reconoce. Solo quien por naturaleza es generoso de espíritu, tiene un corazón libre de odios y rencores, vive su cotidianidad con sencillez y humildad, puede ser un maestro.

Reclamar la libertad de cátedra sin discutir la libertad de aprendizaje que tiene el alumno es inocuo y perverso.


Quien ha pasado por las aulas de clase, en primaria, bachillerato o en los niveles superiores de la educación, ha tenido la experiencia de recibir la instrucción de algún ‘profesor’ al que recuerdan por ser vanidoso, ególatra, egoísta y hasta inhumano. Otros docentes ni siquiera son recordados por sus estudiantes pues se limitaron a impartir sus clases sin la conciencia de que podrían estar marcando el rumbo de sus pupilos.

Un verdadero maestro (v. gr. señorita Lucy de Jordan, en primaria, o el maestro Gaitán Mahecha, en la universidad) se entrega a sus alumnos, les ofrece la posibilidad de aprehender y, con ello, de transformar su vida y la de su entorno. Quien tiene la vocación de formar en valores a partir de la enseñanza, como dijo Aristóteles, “enciende un fuego”, abre las mentes y los corazones de los estudiantes, les infunde esperanza en medio de las dificultades que puedan tener en sus hogares, su ciudad o su país.

Ser maestro es una vocación y como tal implica pasión por lo que se hace. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al maestro como: “La persona de mérito relevante entre las de su clase”.

En Colombia la educación se ha introducido en la agenda pública con gran intensidad. El debate se centra en la calidad de la educación, otras, en la cobertura. En medio de la discusión han estado estudiantes y profesores. Estos últimos, con razón, han llamado la atención acerca de las condiciones en las que cumplen su misión. El pliego de peticiones va desde la solicitud de más recursos para infraestructura, la definición de una política pública, mayores salarios y bonificaciones, servicio de salud eficiente hasta mayor participación en las comisiones de trabajo que se crean para formular las soluciones a la problemática existente.

Si bien todos estos reclamos tienen algún fundamento que se remonta a décadas de desidia de parte del Estado, vale la pena destacar que nunca se ha planteado con seriedad un debate en torno a las condiciones intrínsecas de la condición del maestro.

¡Colombia, que tiene disminuido su nivel de moralidad, requiere verdaderos maestros que, por supuesto, desempeñen su labor en condiciones dignas! Deben ser personas que tengan la disposición para mejorar y ser medidos en su desempeño, y que tengan la vocación de formar, la convicción de que su lugar en la sociedad es de tal importancia que a partir de su ejercicio la sociedad realmente puede ser mejor.

Reclamar la libertad de cátedra sin discutir la libertad de aprendizaje que tiene el alumno es inocuo y perverso. El maestro debe enseñar sin sujeción a ideologías que repliquen las disfuncionalidades de un determinado momento histórico; debe mostrar los distintos caminos con independencia de sus propias convicciones, y hacerlo con honestidad, integridad y generosidad.

@cdangond

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