El planeta, en los hombros de una niña

El planeta, en los hombros de una niña

La voz de una generación que enfrenta toda la fuerza de la catástrofe climática.

30 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Greta Thunberg, a los 16 años, lleva en sus hombros el peso del planeta. Y no es un planeta saludable.

La descripción de los más reputados científicos del mundo en la revisión de la salud planetaria más completa jamás realizada, presentada hace unos días por la ONU, es que los humanos estamos en peligro debido a la aceleración del deterioro de los sistemas naturales que soportan la vida en la Tierra.

Greta es una estudiante sueca que hace un año empezó solita a protestar frente al parlamento de su país exigiendo que los adultos en el poder pongan atención a lo que está pasando con el medioambiente y hagan algo por salvar la Tierra para las generaciones futuras.

Su persistencia, su preocupación y la verdad de su mensaje la han convertido en la voz de una generación que enfrenta toda la fuerza de la catástrofe climática y en una activista reconocida internacionalmente, nominada para el Premio Nobel y que logró, en marzo, movilizar a millones de estudiantes y adultos a una huelga escolar mundial por el planeta.

Invitada a los principales foros internacionales, seria, enojada y sin miedo, ella le dice la verdad al poder: “Si sus casas se estuvieran derrumbando, nuestros líderes no seguirían perdidos en batallas por el poder como hacen hoy, en vez de poner atención al rápido deterioro del clima y el medioambiente. Los niños estamos tratando de despertar a los adultos para que dejen a un lado sus diferencias y comiencen a actuar como lo harían en una crisis política o económica.

Lo que Greta nos enseña es que nadie es muy pequeño para contribuir a hacer una diferencia. Ningún esfuerzo es muy pequeño tampoco.

Lo triste de la situación no es solo que la concientización sobre la urgencia y gravedad de la salud del planeta sea dejada en manos de niños, sino que ahora, Greta es usada por partidos de extrema derecha que, para obtener ganancias políticas entre los escépticos del cambio climático, la atacan pintando el calentamiento global como una mentira, acusándola de “histérica” y “fraude” y burlándose de ella por tener el síndrome de Asperger, que está en el espectro del autismo, llamándola “retardada”.

Varios de esos políticos e institutos seudocientíficos que atacan la evidencia del calentamiento climático por la intervención humana reciben fondos de multinacionales como la petrolera ExxonMobil.

Aunque los líderes políticos y económicos del mundo estén ‘retardados’ en reconocer la urgencia, lo que ocurre con el clima y la biodiversidad es la amenaza más grave para los intereses nacionales de todas las naciones.

Con un millón de especies en vías de extinción, arrecifes de coral que mueren en los océanos, selvas tropicales arrasadas en favor de la industria (3,6 millones de hectáreas desaparecieron en 2018), glaciares que se descongelan... la naturaleza desaparece a una tasa cientos de veces mayor que el promedio de los últimos 10 millones de años.

Los mamíferos silvestres han disminuido en un 82 %, los ecosistemas naturales han perdido aproximadamente la mitad de su área, tres de cada cinco especies de anfibios y un tercio de las especies marinas se extinguen, la población de insectos –cruciales para la polinización de las plantas– está en colapso, y, en términos económicos, las pérdidas son asombrosas. La degradación de la tierra ha reducido la productividad global en 30 %. Es la terrible verdad científica. Cada año se extraen 60.000 millones de toneladas de recursos naturales, el doble que en 1980. El 80 % del agua de alcantarillas termina en arroyos, lagos y océanos, sin tratamiento, junto con 400 millones de toneladas de metales pesados, lodos tóxicos y otras descargas industriales.

Cuando un explorador acuático rompió el récord de buceo submarino más profundo de la historia, el 1.° de mayo, descubrió que otro representante del mundo humano había llegado primero: plástico y envoltorios de dulces en el fondo del mar.

Lo que Greta nos enseña es que nadie es muy pequeño para contribuir a hacer una diferencia. Ningún esfuerzo es muy pequeño tampoco. Yo lo invito a unirse a la lucha por salvar el planeta. Pase la voz, vote por quienes reconocen el peligro y comience por rechazar el plástico, bajarle a la cantidad de carne que come, ahorrar agua... usted puede continuar su lista, porque a mí se me acabó el espacio.

Empodera tu conocimiento

Más de Cecilia Rodríguez

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.