Desintoxicándose del teléfono

Desintoxicándose del teléfono

La OMS ha descrito la dependencia de juegos electrónicos como un trastorno mental.

15 de noviembre 2019 , 08:35 p.m.

¿Recuerda cómo era la vida antes de que existieran los teléfonos celulares? Hay quienes no pueden recordar esos tiempos, aunque hace menos de 25 años que los primeros teléfonos móviles, precursores de los que usamos hoy, aparecieron en el mercado.

Hay quienes recuerdan esas épocas, pero no pueden creer que pudieran haber vivido sin ellos. Y hay quienes pertenecen a las nuevas generaciones y nunca han vivido sin un celular disponible.

Finalmente hay quienes seguimos usándolos como los teléfonos de antes: para hacer y recibir llamadas, y nada más. Pero esos, como los dinosaurios, estamos en vías de extinción. Yo no sé si puedo seguir resistiendo la presión a mi alrededor. Ya he perdido un par de amigas por no querer comunicarme vía WhatsApp.

Como la revolución de los teléfonos, el proceso de conversión a comunicación casi exclusiva a través de ellos ha sido tan rápido que ya hasta los dedos pulgares, según recientes investigaciones, están cambiando para responder al hecho de que la manera más eficiente de enviar mensajes, dado el tamaño de la pantalla, es usando los pulgares de las dos manos.

Se trata de especialistas, consejeros escolares, psicólogos dedicados a ‘reeducar’ a los padres ayudándoles a recordar cómo era cuando vivían sin teléfono a la mano

Y si los pulgares están cambiando, ni hablar del efecto en el cerebro. Entre los más jóvenes, sobre todo, lo que esta ocurriendo es equivalente a una epidemia, a tal punto que la Organización Mundial de la Salud reconoce nuevas condiciones de salud mental ligadas al uso obsesivo de los celulares.

La OMS ha descrito, por ejemplo, la dependencia de juegos electrónicos (muchos de lo cuales son a través del teléfono) como un trastorno mental, una adicción para ser más precisos, como a las drogas, a la pornografía o al alcohol.

Y todo eso sucede tan rápido que muchos adultos no alcanzan a darse cuenta del peligro hasta cuando está frente a sus narices. Probablemente porque han estado tan entretenidos con sus propios teléfonos que olvidaron que crecieron sin ellos. Y han estado tan distraídos con sus teléfonos que ni cuenta se dieron de que los hijos no aprendieron a vivir sin ellos.

“Adicción a pantallas” es uno de los desafíos principales entre padres de familia de todo el mundo, y el “miedo al teléfono” que sienten se hace evidente cuando enfrentan la reacción de los hijos de todas las edades si tratan de quitarles el celular o de controlarles cuándo y por cuánto tiempo usarlo. Es un paradigma moderno cuando padres de familia tratan, por ejemplo, de prohibirles a los hijos estar chateando o jugando en el teléfono cuando están en la mesa comiendo, mientras ellos mismos tienen el suyo en el bolsillo, pendientes de mirarlo cada vez que produce un sonido.

Ante la incapacidad de tantos adultos para controlar efectivamente esa dependencia en los hijos y las consecuencias de falta de atención, desmejoramiento escolar, aislamiento, depresión, agresividad, incapacidad para mantener relaciones personales o conversaciones, están apareciendo nuevos servicios de ‘desintoxicación digital infantil’.

Se trata de especialistas, consejeros escolares, psicólogos dedicados a ‘reeducar’ a los padres ayudándoles a recordar cómo era cuando vivían sin teléfono a la mano, lo que hacían, los juegos, los libros, las interacciones con familia y amigos. Haciéndoles notar cómo su propia dependencia interfiere con ‘estar presentes’ en las vidas de los hijos. Cosas obvias que han sido olvidadas o simplemente ignoradas porque el teléfono absorbe tanto tiempo.

En uno de los muchos y recientes libros de consejos para ayudar a los padres de familia, el autor compara el teléfono con una estufa caliente o un cuchillo. Ningún padre o madre responsable enviaría a su niño a la cocina a hacer algo en la estufa caliente o le entregaría un cuchillo, sin darle instrucciones.

Hay que ser un modelo para seguir en cuanto a la manera de usar la estufa, el cuchillo o el teléfono en forma segura y responsable.

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