La derrota de la tecnocracia

La derrota de la tecnocracia

La tecnocracia colombiana ha sido derrotada por un gobierno que no es claro en sus verdaderas metas.

16 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

El DNP sigue siendo un gran apoyo técnico del Gobierno, lleno de profesionales comprometidos con el país que poco reaccionan a las presiones clientelistas, que nunca faltan en un período de gobierno. Sin embargo, como repiten con frecuencia quienes han ocupado a lo largo del tiempo su dirección, la importancia que llega a tener esta institución en una determinada administración depende fundamentalmente del valor que le conceda el mandatario de turno. Así, la historia reciente del país demuestra cómo el DNP pasa de ser el brazo derecho del presidente de la República a convertirse en apagador de incendios de las promesas veintejulieras del Gobierno.

Conociendo cómo se trabaja en Planeación Nacional, es claro que el Plan de Desarrollo del actual gobierno demandó grandes esfuerzos de su equipo técnico. Tal vez quedó demasiado extenso, difícil de concretar sus grandes metas; pero con seguridad se hizo un esfuerzo enorme de este equipo para interpretar mensajes del Gobierno en general, que, como está sucediendo en todos los campos, no son totalmente claros ni concretos.

Ahora bien, el primer golpe a los tecnócratas del DNP fue el paso de las bases del Plan de Desarrollo al articulado del proyecto de ley. Esta fue la primera etapa de la goleada que se le ha venido metiendo a este documento. Mientras el DNP elaboró las bases bajo mucha presión, Minhacienda las convirtió en sus propios objetivos.

Este plan de desarrollo no logró vender el gran mensaje que quería transmitir, y la razón parece ser que la Presidencia nunca estuvo segura de cuál era.

Nadie se decreta su propia muerte, que fue lo primero que salió a la luz del proyecto de ley del plan, en el cual, en el famoso artículo 35, prácticamente acababa con Planeación Nacional, quitándole su mayor poder: el manejo del presupuesto de inversión. Por fortuna, con la reacción de todos los que conocemos el equilibrio que esta entidad introduce en la política pública logramos armar tal escándalo que ese articulo salió rápidamente, para frustración del actual ministro de Hacienda y de todos los ex que han soñado con volver este ministerio el dueño del gobierno.

Amargas noches pasó la tecnocracia colombiana viendo cómo su centro ideal de trabajo, donde se han formado históricamente los funcionarios públicos que han alcanzado altas posiciones, iba derecho al sacrificio. Solo respiraron cuando se cayó este artículo.

Pero al ver el tortuoso proceso que ha seguido en los debates en la Cámara de Representantes y en el Senado de la República, las preocupaciones son aún mayores. Por razones no muy claras hasta ahora, en primer lugar, este plan de desarrollo no logró vender el gran mensaje que quería transmitir, y la razón parece ser que la Presidencia nunca estuvo segura de cuál era. En segundo lugar, el mismo gobierno –dudo de que Planeación siempre estuviera de acuerdo– incluyó temas que jamás deberían haber estado en este plan: semillas ocultas de reformas pensionales, laborales, del sistema financiero, de salud, en aranceles, y muchas más. La lista es inmensa y aun no totalmente conocida. En tercer lugar, el Congreso de la República ha hecho de las suyas, incluyendo temas que benefician a ciertos sectores de manera descarada, y el Gobierno ha hecho mutis por el foro.

El resultado no lo conoce nadie, y recientes encuestas lo prueban: el 80 por ciento de la población entrevistada ignora el contenido del plan. Y para colmo de males, el Senado le dio un soberano pupitrazo. Desde los gremios, que seguramente no pudieron incluir todo lo que querían, hasta los académicos han mostrado serias preocupaciones por las consecuencias en el futuro.

Es evidente que la tecnocracia colombiana, empezando por la que está en el gobierno actual, ha sido duramente derrotada por un gobierno que no es nada claro en sus verdaderas metas y, además, le abrió las puertas al clientelismo de una clase política que solo piensa en su interés y no en el de todos los colombianos.

Sinceramente, produce un gran dolor que al DNP y a sus funcionarios les dieran semejante golpe.

cecilia@cecilialopez.com

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