En quién creen los colombianos

En quién creen los colombianos

Creen en esas generaciones de jóvenes que fundarán ese país que nosotros no fuimos capaces de armar.

13 de diciembre 2019 , 07:18 p.m.

La última encuesta de opinión presenta un panorama muy complejo sobre la caída de la credibilidad que los ciudadanos tienen en sectores e instituciones que, se supone, definen el rumbo de la nación. El descrédito de la clase política no sorprende porque viene así desde hace mucho tiempo, y su desaparición durante esta nueva realidad del país en la cual la ciudadanía se volcó a las calles confirma su bien merecido desprestigio. Además, su aparición cuando se trata de apoyar al Gobierno con las leyes que tienen al público protestando confirma su oportunismo y su desprecio por lo que la población demanda. Para completar, como se confirmará muy pronto, el apoyo a estas normas no es gratuito sino que, como siempre, el Gobierno lo compensará con ministerios. Pero eso sí se supone que no es ‘mermelada’.

La pérdida de credibilidad que la gente tiene hacia el sector privado, aunque es nueva, tampoco sorprende porque las actitudes de ejercer como gobierno con propuestas como las realizadas por los gremios de los grandes productores enardecieron a la población. No les será fácil recuperar su conexión con la ciudadanía, que había sido una de las responsabilidades que muchos empresarios sí tuvieron a lo largo de la historia colombiana, y que los gremios de la producción se han encargado de borrar. Campanazo para la Andi, Fenalco, Anif, y para el Consejo Gremial.

El Estado, en sus distintos poderes, tampoco sale bien librado, pero sin duda son el Ejecutivo y el presidente Duque los que reciben el mayor golpe al tener un rechazo del 70 % a su gestión, tras solo año y medio de mandato. Y lo peor es que él personalmente, su Vicepresidenta y todo el equipo parecen no entender lo que está sucediendo a su alrededor y se encuentran lejos de conectarse con las demandas sociales. Peor aún, siguen tomando decisiones como reducir la productividad laboral en momentos que se negocia el salario mínimo, que, lejos de ayudar a mejorar la opinión, crean razones adicionales para incrementar el descontento nacional.
Además, es la actitud de los funcionarios lo que le agrega al descontento: humildad, señores y señoras del Gobierno, para iniciar el verdadero diálogo que la sociedad colombiana demanda.

Colombia ya no cree en quienes se aferran a los vicios del pasado, pero sí en la capacidad de esa nueva ciudadanía que busca derrumbar las barreras que han impedido que nuestro país sea solidario

Ante esta realidad, la pregunta que queda es: ¿en quién creen los colombianos? Creen en sí mismos. Después de esta gran revolución social que vive el país, donde con esa alegría que los caracteriza han hecho de la calle y de la cacerola su forma de hacerse sentir, la respuesta es obvia y maravillosa. Los colombianos creen en su capacidad de mostrar abiertamente cuál es la sociedad en la que quieren vivir; en no temer posibles represalias y en ejercer su derecho a decidir; en la realidad de unir sus voluntades, que dejaron de ser individuales para volverse colectivas. Creen, todos los que apoyan estas manifestaciones, que merecemos un país distinto.

Ahora bien, como lo más sorprendente es este cambio impresionante de una juventud que creíamos apática y ahora demuestra la nueva forma de ejercer liderazgo, de hacer esa política que construye, toda Colombia cree en esas generaciones de jóvenes que fundarán ese país que nosotros, los que estamos de salida, no fuimos capaces de armar, o por lo menos de dejar los cimientos. Por eso, nosotros, en una gran mayoría, creemos en nuestros jóvenes.

Así esa Colombia retardataria que todavía tiene un poder excesivo continúe mostrando sus dientes, la verdad es que, como lo demuestran las encuestas, ha venido perdiendo credibilidad, avasallada por esa forma alegre, sin violencia y masiva, como muchísimos colombianos siguen demostrando que construirán ese cambio que por décadas pareció imposible.

En conclusión, Colombia ya no cree en quienes se aferran a los vicios del pasado, pero sí cree en la capacidad de esa nueva ciudadanía que busca derrumbar las barreras que han impedido que nuestro país sea solidario, justo y moderno.

cecilia@cecilialopez.com

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