Colombia: una sociedad adolorida

Colombia: una sociedad adolorida

El anunciado paro del próximo 21 de noviembre no es el producto de mentiras, señor Presidente.

16 de noviembre 2019 , 11:12 p.m.

Lo primero que tienen que aceptar el presidente Duque y su gobierno es que Colombia es hoy una sociedad adolorida. Cuanto más se conocen los detalles de lo sucedido en la operación en la que niños reclutados a la fuerza murieron en el bombardeo de la Fuerza Pública, mayor es la sensación de que estamos volviendo a episodios de una crueldad que creíamos haber superado. El dolor no lo pueden negar ni siquiera los que apoyan al Gobierno y justifican este sacrificio porque, supuestamente, estos menores no eran víctimas sino guerrilleros. La verdad es que parecería que se ha borrado del espíritu del país la idea de que vivíamos el principio del posconflicto.

En medio de este dolor, solo se han escuchado del Gobierno y del Presidente disculpas, explicaciones inaceptables que lo único que logran es aumentar la sensación de desasosiego que hoy tenemos los colombianos. “Operación impecable”, se apresuró a afirmar el mandatario sobre este terrible episodio de guerra y no de paz, y esas palabras le están saliendo muy caras. Estas expresiones inoportunas, sumadas a sus otras salidas en falso, lo tienen en su peor crisis desde que asumió la presidencia.

Como a este país no le conviene que esta situación se pueda agravar, es fundamental que el Gobierno se ubique y entienda que la mayoría de los colombianos quieren ver otro tono en la Presidencia, otro equipo que maneje temas cruciales, una mayor sintonía de quienes toman las grandes decisiones con lo que está pasando en la sociedad.

El anunciado paro del 21 de noviembre no es el producto de mentiras, señor Presidente. De su gobierno y del sector privado, que son sus grandes aliados, han salido propuestas que enervan, y a esto se suman los inmensos errores que se han cometido en temas críticos; su actitud alejada del momento y con respuestas que pueden ser interpretadas como arrogantes o despistadas; su inconcebible defensa de uno de los peores ministros que ha tenido este país. Por todo lo anterior, son ustedes los que están echándole leña al fuego al paro nacional.

Confundir la protesta de una sociedad en la que la mayoría, el 69 % según la última encuesta, no le ve rumbo a su gobierno no puede salir a calificarse como simples expresiones de odio de sectores que se consideran enemigos. Este tipo de interpretaciones sobre el origen del paro nacional anunciado sí podrían generar, precisamente, los malos sentimientos que usted teme. Los colombianos que hemos vivido décadas de guerra lo que queremos es lo que aún no vemos, la verdadera paz, ni odio ni guerra.

Es una lástima que se haya perdido la oportunidad de nombrar en el Ministerio de Defensa a alguien que refrescara el gabinete y no fuera actor de temas tan álgidos como el que sucedió recientemente con Cuba. Pero todavía están a tiempo de corregir el rumbo, dándole al país señales de que el Gobierno entiende la gravedad de lo que está ocurriendo. Ya están descalificando las sugerencias de buscar acuerdos, y las están limitando a la demanda de revivir la ‘mermelada’. Pero la verdad es que el profundo descontento que ha llevado a que el 70 % del país sienta que las cosas van mal exige un replanteamiento de la forma como se está manejando el país.

Es la hora de ese timonazo que la mayoría le solicita al Gobierno, y para ello es necesario que no se convoque solo a sus áulicos, porque poco le ayudarán a superar este momento, sino a aquellos que objetivamente sí ven dónde están los cambios de rumbo. La situación actual no debe ni puede agravarse. Esas voces condescendientes que mantienen aislados al Presidente y su equipo no son precisamente las que se necesitan ahora. Lo primero que tiene que aceptar es que Colombia es una sociedad adolorida y, con razón, su sensibilidad está a flor de piel.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO
cecilia@cecilialopez.com

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