‘Uberexit’

‘Uberexit’

No me explico por qué tanta preocupación por una compañía extranjera.

21 de enero 2020 , 07:08 p.m.

Quiero advertir que no tengo nada que ver con el transporte. No tengo taxi, no tengo Uber. No uso patineta urbana ni bicicleta. Solo soy una de las víctimas de esta ciudad, uno de los últimos de la fila, es decir, uno de aquellos a los que nadie les presta atención. No hay alcalde que haya hecho un plan masivo para mejorar andenes y la vida de los peatones, aunque somos más que los ciclistas, ‘patinetistas’, motoristas, propietarios de automóvil, más que los que montan en bus, transmilenio u otro medio motorizado, no motorizado o animal. Peatones somos todos. Pero somos los grandes olvidados de los políticos, constructores, planificadores y demás personas e instituciones que inciden en nuestra vida cotidiana. Somos los que votamos.

Claro que también tenemos que coger bus, taxi, uber, bus, transmilenio, carro privado o lo que sea. Para abordarlos debemos andar por las aceras, superando todos los obstáculos: huecos, desniveles, discontinuidades, charcos, vendedores ambulantes, limosneros, raudos ciclistas, ‘patinetistas’, motoristas que vuelan atropellando a los que inocente e ingenuamente caminan por lo que se supone ser exclusivo para los que van a pie. Por el andén, que viene de ‘andar’. Es el drama de esta ciudad abandonada, como campo de batalla. A ninguna autoridad le importa.

Ante el abandono del peatón, me parece absolutamente detestable leer, oír y ver tal torrente de lágrimas y lamentaciones que, por la salida de Uber del país, sueltan los columnistas, los comentaristas y los informadores de medios radiales, televisivos y escritos. No me explico por qué tanta preocupación por una compañía extranjera, que no se sabe si es plataforma o medio de transporte, mientras dejan pasar, como si fueran simples brisas, los problemas de todos los ciudadanos: el derecho, la libertad y la alegría de poder caminar sana y seguramente.

En general, se tiene una relación autoritaria con los taxistas, bajo la sospecha de que son deshonestos; no se reconoce su profesionalismo, poco se habla con ellos

Pero a Uber se la defiende como empresa. Por encima de los intereses de los que trabajan afiliados a ella. Para defenderla se arguyen la pérdida de seguridad jurídica que garantiza la inversión extranjera, la pérdida de miles puestos de trabajo, la seguridad de los clientes, la educación, limpieza y responsabilidad de los conductores de Uber, la enorme cantidad de impuestos que paga.

En realidad, algunos de esos argumentos son dudosos. La seguridad jurídica debe ser para todos, y es posible que los taxis tengan menos que la compañía Uber. La inversión de Uber es mínima, finalmente es una plataforma. Los carros son de los que los manejan. Los trabajos, que no empleos, son precarios. El miembro de Uber no tiene contrato de trabajo. Corre por su cuenta. Los pasajeros no están cubiertos con seguros de accidente. El orden, la educación y limpieza son relativos. La seguridad de los usuarios es la misma si pide el servicio a una plataforma de taxis.

Es llamativo que algunas de las plataformas de taxis hayan sido compradas por compañías extranjeras como Cabify. Uber paga unos impuestos por debajo de los que debe pagar, lo que hace es intermediar en el cobro de IVA, que son impuestos al pasajero. Poco se menciona que la compañía Uber se queda con el 25 por ciento de lo que el conductor le cobra a usted. Por una llamada.

La defensa de Uber está contaminada por ese espíritu arribista que hace pensar al colombiano que todo lo extranjero es mejor y debe ser protegido. En general, se tiene una relación autoritaria con los taxistas, bajo la sospecha de que son deshonestos; no se reconoce su profesionalismo, poco se habla con ellos. Se piensa que los taxistas son de baja estofa, distintos a los de Uber. Vaya usted a saber por qué. El Estado no se ha preocupado en regular y mejorar los taxis, como tampoco lo ha hecho con Uber.

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